El formidable actor santafecino arribó a la avenida Corrientes con un nuevo y agudo unipersonal
Sin las abultadas pelucas, los estridentes trajes y el maquillaje multicolor que luce sobre el escenario, cuesta distinguir a Juan Pablo Geretto entre las personas que, sentadas en un café de la calle Corrientes, buscan refugio en uno de los días más fríos de la década.
Camuflado por una discreta combinación de blanco y negro, el actor, de 36 años, que convocó con su unipersonal Solo como una perra más de 18.000 personas en el Monumento a la Bandera rosarino, no encandila ni resalta. El intérprete, ganador de múltiples premios y que conmovió al público porteño que lo fue a ver en Como quien oye llover , toma su cortado en sorbos espaciados mientras relata su vida y la obra que lo ha hecho volver a las tablas, el flamante unipersonal Yo amo a mi maestra normal .
El famoso "¿de qué te reís? Contamos, así nos reímos todos" quedó tatuado en la mente de Geretto, así como tantas otras frases que escuchó cuando era alumno de primaria en una ciudad de Santa Fe llamada Gálvez. Por eso, decidió ponerse en la piel de una maestra de escuela pública que no tiene nombre, porque su caracterización es común a todas, que lleva el flequillo estático por el fijador, un traje con los colores de la patria y ese tono de voz tan sufrido y querido por todos los alumnos de la Argentina. "La maestra es una víctima de la profesión y, como la mayoría, termina hablando de determinada manera. Como los policías o las enfermeras, tiene un léxico propio", describe el actor, que apareció con éste y otros personajes por los programas de Marcelo Tinelli, Jorge Guinzburg y Nicolás Repetto.
"Quiero mostrar la idiosincrasia y que esa manera facha que tiene de hablar en el fondo es un escudo. No hay pensamientos profundos detrás de sus opiniones", se explaya Geretto, que actuó en reiteradas ocasiones para públicos de docentes. "Hay algunas que ven a otras calcadas y otras que se sienten identificadas y orgullosas", señala el intérprete, que sobre el escenario reparte adjetivos de "zurdo" y "comunista" para uno de sus colegas y que quiere agarrar la metralleta y poner contra la pared a todos: los alumnos, la directora, los padres?
Geretto parece no compartir ningún gesto con sus criaturas: Ana María, la Madre de Chucky y la viuda Nelly, entre otras. Lo que queda sin el maquillaje y el vestuario que lo adorna es el elemento que le permite entenderlas: una palpable sensibilidad que se trasluce en sus frases y razonamientos. "Con las cosas que vienen pasando últimamente ya no creo en el hombre y en la mujer como depósito de lo femenino y lo masculino. Me parece que la sociedad masculina está más feminizada y la femenina, más masculinizada. Se ve en detalles hermosos y en otros que no lo son. Esto ayuda a la mujer a posicionarse en el mundo comercial y al hombre a estar más en contacto con la crianza de sus hijos. Creo que lo masculino y lo femenino no reside necesariamente en un hombre o una mujer", opina mientras acomoda sus anteojos, que alimentan su aire intelectual.
La inspiración principal y materia prima de sus obras es su infancia. "Me parece que estoy en los treinta y pico y es un momento clave para cualquier adulto. No se puede llegar a los cuarenta sin hacerse cargo. Hay que dejar de echar la culpa a los demás: tus padres, tus maestros de escuela. Eso ya quedó en algún lugar de tu vida y uno tiene que saber hermanar eso", aconseja.
Del pueblo a la gran ciudad
En un pueblo de casas bajas, tiempos estancos y siestas obligatorias creció Geretto. "Gálvez es una pequeña ciudad, pero suena más redondo llamarlo pueblo, por la forma de pensar, por la forma de moverse que tiene la gente de ahí. Es un pueblo al que hay que tener la voluntad de ir, porque no está sobre la ruta, sino que hay que hacer como 25 kilómetros para llegar. No hay afluencia de extraños", apunta el actor, que no bien cumplió la mayoría de edad se escapó hacia Rosario en busca de diversidad y diversión.
Un amigo le dijo que tenía un "negoción" para ganar plata en la próspera ciudad santafecina: vender ensaladas de frutas en la playa. "A la hora y media se acercó la mafia y se acabó el libre comercio", dice, entre risas, el actor, que fue mozo, peluquero, canillita, heladero y peluquero antes de dedicarse por entero al teatro.
"Rosario era la posibilidad de escapar de la supuesta chatura que sentía en el pueblo. Ahí empecé a conocer gente que hacía transformismo y me metí con eso. Me di cuenta de que aún no estaba desarrollado el monólogo de humor con personajes", destaca el artista, que desde los 8 años se sube a las tablas para moldear el histrionismo que hoy maneja con soltura.
En Rosario empezó robando carcajadas en bares marginales de la zona sur con su ahora popular monólogo Solo como una perra . Luego vino el Bar Rojo, "que era como estar en una película de las primeras épocas de Almodóvar", y Berlín, uno muy tradicional. "Después abrimos nuestro propio café concert, La Traición de Rita Hayworth. Siempre teníamos más de un mes de reservas. Fue una gran época", recuerda.
Seis años después, y a partir de la multitudinaria presentación de Solo como una perra en el Monumento a la Bandera, Geretto se impuso un nuevo desafío: Buenos Aires. Su segundo unipersonal, Como quien oye llover, se llevó las mejores críticas tras cinco temporadas en cartel que fueron aumentando en público por el boca a boca que lo recomendaba por su particular mirada al universo femenino.
"Nunca voy a estar en la piel de la mujer. Lo que me dio el maquillaje es una máscara con la cual poder actuar más libremente. Quería encontrar más belleza en mí desde este lugar", resalta, y agrega que el personaje que más le gusta es Ana María, la señora mayor y solitaria que sólo cuenta con la fiel compañía de su pekinés Apolo para las fiestas.
"Es la que más me gusta hacer porque tiene más matices. Es la única que no es literal y que cuenta parabólicamente lo que le está pasando. Pero la gente disfruta más de personajes más literales, agudos e invasivos. La carcajada estalla con eso", apunta Geretto, que ya imagina y ensaya los gestos de un nuevo prototipo de mujer que formará parte de su próxima obra. Por ahora, es su maestra quien tiene mucho que enseñar y decir desde una de las salas del Multiteatro.