Era una tarde soleada. Recorría la avenida Los Incas, mientras trataba de encontrar un pasajero cuando al llegar al cruce con la calle Conde, visualicé un auto que siempre fue mi debilidad: un Chevrolet Bel Air Coupé del año 1955. En mi opinión, el modelo más hermoso que fabricó en aquellos tiempos la empresa General Motors.
Este modelo fue muy reconocido en la década del ´50 y además de estar al tope de las ventas, superando al Ford Town Victoria de 1955, que también tenía un hermoso diseño, logró importantes premios en las competencias que se realizaban en los tradicionales circuitos de Daytona, Riverside, Indianápolis y otros en la costa oeste de los Estados Unidos. Porque además de un perfecto diseño, tenía categoría y un estilo muy especial entre los modelos tipo custom .
Ese día tuve la oportunidad de conocer a su actual propietario, Roberto Suárez del Cerro y estuvimos conversando un largo rato con un café de por medio en un local de la zona. La siguiente es la historia que él me contó:
Hace veinticinco años un vecino suyo en Acassuso, al que todos llamaban, Mr. Elm, había retornado de California, Estados Unidos, donde se había desempeñado como gerente de ventas de diferentes firmas y se había traído un automóvil como recuerdo de su paso por el país del norte.
Cuando Roberto vio el automóvil le preguntó a Elm si cuando él tuviera la edad suficiente se lo vendería y entonces le respondió que cuando no le renovaran mas el registro de conductor, recién ahí pensaría en la venta del auto.
Transcurrieron algunos años y finalmente el tiempo inexorable llegó y a Elm no le renovaron su licencia de conducir, entonces le vendió a Roberto aquel auto que era la envidia de todo el barrio.
Mr. Elm le rogó a Roberto que lo cuidara mucho y que lo disfrutara tanto como él lo había hecho.
Elm se mantuvo hasta su muerte en contacto con Roberto que una o dos veces por mes pasaba a buscarlo y lo llevaba a dar una vuelta por la zona norte del gran Buenos Aires en aquel auto, coupé bicolor, disfrutando del paisaje y de las miradas de admiración de los que ocasionalmente veían pasar el coche.