Disfrutar del esquí y del snowboard junto a un hotel con ambiente familiar es la propuesta del centro invernal más antiguo del continente, que invita a salir a las pistas directamente desde el lobby
PORTILLO.- Si el objetivo es combinar los deportes invernales con buenos mariscos, una gran opción es cruzar la Cordillera y apostarse en los centros chilenos. Si además busca exprimir el tiempo esquiando desde la primera hora, con un único stop para almorzar, pero sobre los esquíes hasta que cae el sol, la mejor alternativa resulta ser Portillo.
A tan sólo 15 kilómetros del Aconcagua, enclavado en medio de las montañas y con una vista excepcional de la Laguna del Inca, se erige el exclusivo ski resort, un cálido espacio que recibe con los brazos abiertos a los amantes de los deportes blancos en su tradicional y reconocido hotel, en donde conviven familias de vacaciones y equipos olímpicos por igual, sin distinción.
Con la llegada de cientos de brasileños, el clima es otro en el lugar. Se transforma. A diferencia de la mayoría de ellos, que elige la nieve en los centros argentinos, muchos se vuelcan cada año a las pistas chilenas. También llegan cientos de europeos, que se vuelven a ver las caras cada año.
En Portillo es muy común la reincidencia de los turistas, algo que, según cuentan, se debe principalmente a que las pistas están siempre descongestionadas por la cantidad de medios de elevación en relación con la cantidad de visitantes.
"La buena onda hace que con mi familia siempre tengamos ganas de volver", cuenta en un improvisado castellano Lucio, un carioca de 42 años que lleva su tercer invierno consecutivo en estas pistas.
Hace más de 60 años que miles de esquiadores optan por refugiarse en este hotel, donde reina el ambiente familiar y un clima social distendido. Además, es sabido que para los esquiadores, no hay nada mejor que ponerse las botas y los esquís, y salir andando. "Eso es algo que nos distingue, es un valor agregado para quienes vienen, que lo valoran mucho", cuenta uno de los empleados que se desempeña en la guardería que funciona en el subsuelo del hotel.
El centro de esquí, fundado en 1949 sobre la antigua estación del Trasandino, cuenta actualmente con cuatro categorías de alojamiento, las cuales se adaptan a las fantasías y los presupuestos de cada pasajero.
El lugar es dirigido por el norteamericano Henry Purcell, quien llegó a estas tierras en 1961 como gerente del hotel, que había adquirido años antes su tío Bob Purcell. Justamente, aquel pionero es evocado en el restaurante de montaña Tío Bob´s, a 3200 metros de altura.
Temporadas tardías
Este año, pese a que la falta de nieve obligó a posponer la apertura, los responsables esperan una buena temporada. Con el correr de las semanas abren más pistas, a medidas que se acumula nieve. "Este año vamos a tener mucha gente. Lo que pasa es que las temporadas están empezando un poco más tarde y se extienden más de lo previsto. Por ejemplo, el año último se estiró hasta comienzos de octubre", explican los responsables del centro.
Con capacidad para poco más de 400 huéspedes, y con un plantel de 450 empleados, Portillo es elegido entre agosto y septiembre de cada año por los más importantes equipos olímpicos del mundo. Para ser testigo de ello basta nomás recorrer los pasillos del hotel, en los que hay colgadas innumerables camisetas y fotos autografiadas de los mismos protagonistas, entre las que se destacan la del austríaco Hermann Maier, campeón olímpico en 1988 y mundial en 1999 y 2005.
Quienes visitan el hotel tienen la posibilidad, semana tras semana, de participar en la carrera para huéspedes que se realiza todos los jueves, tanto para grandes como para chicos (con premiación incluida). Y para los que desean descansar y deslumbrarse, está la bajada de antorchas, que cada viernes realizan al caer la noche los instructores, iluminando las montañas bajo las estrellas.
Otro polo de atracción es la gastronomía gourmet de su restaurante, en el que la carta cambia todas las noches. Con platos de diversas cocinas, que van de lo tradicional a lo exótico, el chef Rafael Figueroa, que llegó al lugar hace 40 años, deleita con sus especialidades en mariscos, donde los ostiones a la parmesana son sólo algunas de las estrellas.
Todo esto permite a los visitantes no sólo descansar y disfrutar de la nieve, sino algo todavía más importante: sentirse en el living de su casa.