Cuatroparadores, uno en cada punto de acceso a la Quebrada de Humahuaca, ayudarán a preservar el patrimonio y mejorar la circulación en la zona. Las construcciones estarán enterradas y se creará una serie de terrazas con muros de hormigón y piedra del lugar, lo que les permitirá mimetizarse con el paisaje.
Son sólo 170 kilómetros de Sur a Norte en la provincia de Jujuy pero, por el paisaje que hay desde los 1600 hasta los 4200 metros sobre el nivel del mar, parecen más. La Quebrada de Humahuaca no es sólo un destino turístico que atrae a miles de personas cada año, sino también un paso natural y estratégico entre el Norte y el Sur; la ruta histórico-comercial más importante entre Perú, Bolivia y Buenos Aires (hoy ruta nacional 9), con conexiones hacia el Nordeste Argentino (NEA) y el océano Pacífico. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 2003 por la Unesco, fue necesario para mantener este status y preservar su identidad cultural y arquitectónica regular y controlar la afluencia turística. Para lograrlo, en 2007 la Secretaría de Turismo y Cultura de Jujuy y el Colegio de Arquitectos de la provincia llamaron al Concurso Accesos a la Quebrada de Humahuaca, auspiciado por la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (Fedea).
"Serán cuatro paradores, uno en cada extremo de la Quebrada (norte, sur, este y oeste), que brindarán los servicios (incluirán los puestos de policía y Gendarmería) que requieren usualmente las personas que acceden a la Quebrada, un arco que va desde turistas extranjeros hasta transportistas", explica el arquitecto Carlos Prieto, uno de los integrantes del equipo ganador, formado por Mario Fernández Bravo, y como colaboradores, el arquitecto Miguel Angel Montecinos y ocho alumnos de la Cátedra Prieto Taller de Arquitectura, de la Facultad de la Universidad Nacional de Tucumán (Sebastián Atencia, Laura Chavanne, Ana Ciaravino, Juan Antonio Gon, Ileana Legname, Luis María Quiroga, Nicolás Vallejos y Alberto Vidal).
Las temperaturas en la Quebrada varían desde 35° en verano hasta -20° en invierno. Para aislar los paradores fue necesario enterrarlos y crear una serie de terrazas que siguen el nivel natural del suelo con muros de hormigón y piedra del lugar. Con el uso de la quinta fachada (techo o piso), el conjunto se mimetizará con el paisaje y, a su vez, este movimiento de tierra creará patios aterrazados que darán gran espacialidad. El gran número de días sin nubes en la Quebrada permitirá el uso de paneles fotovoltaicos para proveer calefacción, agua caliente y electricidad. De eso dependerá el funcionamiento de las bombas que extraerán agua de los pozos para llevarla hasta las plantas potabilizadoras y hacer posteriormente su distribución. "Si bien parece menor en la ciudad, la implementación de hileras de álamos y plantas permitirá divisar fácilmente los paradores y protegerlos del fuerte viento con polvo, algo esencial en este paisaje", agrega Prieto.