Lorena García presenta, desde hoy, su último documental sobre copleras
El cine etnográfico argentino siempre da sorpresas. Las dio hace varias décadas, con Jorge Prelorán y un itinerario que dio la vuelta al mundo, escribiendo una página importante de la misma historia del cine. En esa mirada tan particular de las geografías y de su gente, y en este caso en particular de su música, se inscribe Esta cajita que tengo tiene boca y sabe hablar , un nuevo trabajo de Lorena García, una joven periodista de Buenos Aires, que después de producir para la TV y la radio, y especializarse en cine y de esa forma incursionar en diferentes medios gráficos (en su última etapa en LA NACION) tomó una decisión trascendente: partir hacia al noroeste argentino, con rumbo a Tilcara, para dedicarse al cine precisamente etnográfico. Después del mediometraje Tengo una pena que es pena , sobre una coplera que entra en crisis, estrenado en el Festival de Mar del Plata de 2006, comenzó el rodaje de un nuevo trabajo, de una hora de duración, Esta cajita que toco tiene boca y sabe hablar , que se verá desde hoy, los domingos, en El Camarín de las Musas.
Esta vez, García empuñó su cámara para registrar a un puñado de mujeres de diferentes regiones de la Argentina que emprenden un viaje por el territorio de las coplas y el canto con caja, donde hay una pastora que envejece y, al hacerlo, se olvida de aquellas canciones que fueron su vida y su encuentro con una par más joven de Buenos Aires, con la que sale al camino rumbo a un pueblo cercano donde se prepara un encuentro de copleras ( www.lapedregosa.com.ar ).
Viaje decisivo
"Hace unos cinco años, en un viaje colectivo por Jujuy, tuve de compañera de viaje a la coplera humahuaqueña María Ramos, con quien comenzamos a charlar sobre bueyes perdidos hasta llegar a contarnos cosas de nuestras vidas", recuerda la cineasta. "En su relato de una historia de amor entremezcló unas coplitas: varias veces me hizo dudar de si lo que estaba cantando -y contando- era realidad o ficción, o ambas cosas, cuánto había de historia antigua en ese canto ancestral, de un simple juego nemotécnico y cuánto de creación, improvisación, apropiación y reformulación", recuerda ahora que parece haber encontrado un principio de respuesta en este trabajo que encuentra cada vez más rigurosidad narrativa para mensajes que tienen que ver con nuestras auténticas raíces prehispánicas. "Viajando -recuerda-llegué a Angastaco, en Salta, y a la casa de Julia Vilte, la pastora que se convirtió en protagonista de mi anterior película, que atravesaba un momento crítico. Después de aquella experiencia, me di cuenta de que en muchos casos las copleras no se conocen entre ellas más allá de trascender distancias, y esta película es, de alguna forma, una reunión para conocer los matices de sus cantos y los sonidos de sus cajas, la profundidad de los sentimientos que expresan con su arte para trascender su historia", concluye la directora, que dedicó su excelente trabajo en el que, además de Julia, Bety y Selva Vilte, participaron Mariana Baraj, Julieta Gutiérrez, Mariana Carrizo, Chabela Alabar, Melania Pérez, Laura Peralta y Miriam García, al maestro Prelorán.