Para bien o para mal los mundiales de fútbol cada vez más suelen traer avances en las transmisiones televisivas y en ciertos cambios que se dan en los hábitos de consumo de ese medio.
El de Sudáfrica, que terminó el domingo último, tampoco fue la excepción. ¿Artífices de las transformaciones? La actividad privada, que fabrica y vende televisores; el Estado (que dio el puntapié inicial a la TV Digital Pública en el más amplio marco del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre), y el público (que se lanzó a comprar masivamente televisores de última generación aprovechando convenientes planes de financiación en 50 cuotas o con rebajas ofrecidas por algunas tarjetas de crédito).
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Para encontrar un momento de tanto cambio como ahora en esta materia hay que remontarse al Mundial 78, que se juega aquí en la Argentina, en plena dictadura militar. El exigente compromiso deportivo internacional adoptado obliga a los uniformados a tener que tomar rápidamente una serie de decisiones trascendentales y largamente postergadas. La TV todavía transmite sus programas en el más que modesto blanco y negro, y es inconcebible para los países desarrollados recibir en esas condiciones los partidos que aquí se van a disputar por el certamen de la FIFA.
Por la ley 21.895 se adopta entonces el sistema alemán PAL, en su norma N y se levanta en tiempo récord una flamante planta de televisión en la avenida Figueroa Alcorta y Tagle. Los tiempos ya no dan para brindar en el mercado interno el servicio de TV cromática y se resuelve transmitir en color exclusivamente para el exterior mediante lo que, en principio, se denominará Argentina 78 Televisora, una sociedad anónima del Estado. Los argentinos deberán conformarse con alentar a su selección en blanco y negro en sus casas o, en su defecto, correrse hasta algún cine donde los partidos sí pueden verse en pantalla grande y en vivos colores.
Al año siguiente, el viejo Canal 7 se muda del Edificio Alas, en Viamonte y Alem, a la planta de Palermo Chico, que cambia su nombre por el de Argentina Televisora Color (Canal 7 se llamará ATC desde 1979 hasta el año 2000 cuando el gobierno de la Alianza recupera su nombre original). Pero las transmisiones color sólo comenzarán en 1980. En ese lapso, el experimentado productor Carlos Montero logra una proeza inédita hasta entonces (y que nunca más se repetirá): poner al canal oficial en la cima del rating.
Las primeras señales en tornarse coloridas son, precisamente, las de ATC y Canal 13. Se recuerda especialmente la transmisión de esta emisora a cargo de Pinky, que comenzó hablando mientras se la veía en blanco y negro para dar paso al color con una muy flameante bandera argentina ocupando toda la pantalla. Días más tarde se vuelve cromático Canal 9, en tanto que el 11 tiene que esperar todavía un año más. La llegada del color determina mayores exigencias en decorados, iluminación, vestuarios y hasta maquillajes.
En México 86, que también los argentinos ganamos, se implementan las repeticiones múltiples (el gol visto desde cuatro perspectivas diferentes) y ya en los tres mundiales de la década del 90 los aparatos de televisión -hasta entonces, restringidos a la intimidad de cada hogar y a algunos bares y restaurantes de barrio- comienzan a emerger en paulatina masividad a la esfera pública. Los lugares de consumo de comida y café los ponen durante el certamen planetario y después los retiran. Así hasta que en un momento los televisores se quedan para siempre y ya en la presente década comenzarán a multiplicarse en los sitios más inesperados (consultorios, aeropuertos, estaciones de subte, etcétera).
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En este 2010 la demanda inusual de televisores de LCD agotó stocks y hasta algunos locales debieron implementar listas de espera. Se calcula que el presente año terminarán vendiéndose 900.000 unidades de este tipo de aparatos. Pero aun cuando las pantallas planas no han dejado todavía de ser una novedad, ya empieza a asomar el último grito de la moda: los televisores 3D.
Durante el reciente Mundial se hicieron en Cinemark Palermo algunas funciones cerradas, a manera de experimentación y ajuste, sólo para invitados que tuvieron el privilegio de ver los partidos culminantes del certamen (incluso el humillante 4 a 0 que nos asestó la selección alemana) en tercera dimensión de muy buena resolución.
Sin embargo, no son los particulares ni las empresas de electrodomésticos ni las innovaciones tecnológicas los que coparon la parada en esta vuelta, sino el gobierno nacional, que resolvió unilateralmente tomar la delantera en materia de TV digital con un protagonismo excluyente, que dejó de lado a la iniciativa privada.
Primero creó el Sistema de Televisión Satelital Directa al Hogar (TDH) para llegar a los lugares más recónditos como una suerte de competidor público, pero abierto y gratuito, de DirecTV. Por otro lado, puso en marcha la Televisión Digital Terrestre (TDT) con la idea de repartir 1.180.000 decodificadores entre personas de humilde condición.
Hasta ahora, según el licenciado Osvaldo Nemirovsci, coordinador general del Sistema de Televisión Digital Argentina (que depende del Ministerio de Planificación), se han distribuido sólo 50.800 decodificadores en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
Mañana por la tarde en el microcine del Ministerio de Economía se lanzará el Plan de Producción de Contenidos para TV Digital, Pública y Comunitaria, con un presupuesto de 35 millones de pesos (aportados por la cartera de Julio De Vido), con la coordinación del Consejo Asesor del Sistema Argentino de TV Digital Terrestre y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, para llamar a concursos de cortos y documentales, un unitario por provincia y series realizadas por productoras con antecedentes o sin ellos.
El director del posgrado de periodismo de la Universidad de Los Andes, el colombiano Omar Rincón, plantea en Pensar los medios en la era digital (La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2010) que "si algo no ha evolucionado en América latina es el debate y la producción de los medios públicos. La razón es obvia, cada vez los medios públicos devienen más en defensores de un gobierno o en malos imitadores del mercado".
Romper ambas perversas inclinaciones en las que suelen caer los políticos cuando manejan a su arbitrio la TV, ése sí que sería un gol de media cancha.
Por Pablo Sirvén
De la Redacción de LA NACION
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