Fue, tal vez, la noche más larga en la historia del Senado. No por lo extenso del debate, cercano a las 16 horas, sino porque la tensión imperante en la sociedad argentina durante los cuatro meses previos convirtió a la madrugada del 17 de julio de 2008, cuando el vicepresidente Julio Cobos rechazó con su voto de desempate la resolución 125, en un hito histórico para la política argentina moderna.
Es que todavía hoy siguen viéndose las réplicas del terremoto que generó aquel voto "no positivo" que cambió el mapa político nacional. Desde aquel día, nada volvió a ser como era. Por primera vez en cinco años, el kirchnerismo había sido vencido en el Congreso demostrando que, como Aquiles y su talón, tenía un punto vulnerable.
Sin embargo, el final de aquella sesión fue el resultado de pequeños factores que se fueron conociendo con el tiempo y que, en definitiva, le permitieron a Cobos convertirse en el emblema de la primera derrota kirchnerista.
Es que aquella paridad que debió quebrar Cobos comenzó a gestarse en el mismo momento que la presidenta Cristina Kirchner decidió ratificar por ley las elevadas retenciones a las exportaciones.
Ahí nació la primera rebelión en el peronismo, hasta ese momento dominado con mano de hierro por los Kirchner. La primera señal la dio Felipe Solá en Diputados. Pero fue en el Senado donde la ruptura del peronismo empezó a inclinar la balanza.
Pero la historia de esa diáspora tiene un protagonista anónimo, un pequeño productor agropecuario que se lo cruzó a Carlos Reutemann en una de sus habituales recorridas por la campiña santafecina y que, con tono dramático, le pidió que rechazara las retenciones.
"Esto es como un puñal en el corazón del campo, Lole", le dijo el productor, mientras llevaba su puño cerrado al pecho del ex piloto de Fórmula Uno una y otra vez. La imagen afectó de tal manera a Reutemann que repetiría el gesto y la frase en cada encuentro con la prensa en los días previos a la histórica votación.
Lo importante de aquel episodio fue que aquel gesto terminó de convencer a Reutemann de que debía romper con su habitual estilo de bajo perfil y abandonar el bloque oficialista, que ya no lo contenía, animando a varios de sus compañeros a seguir el mismo camino.
Este fenómeno también alentó a sectores aliados del kirchnerismo a romper con la verticalidad exigida por la Casa Rosada. Y aquí entra a tallar otra historia mínima, la de la fanny , la madre del senador Emilio Rached, un radical aliado del gobernador Gerardo Zamora, una de las estrellas en el firmamento del radicalismo kirchnerista.
Centro de fuertes presiones por parte del oficialismo, el senador santiagueño terminó decidiendo su voto apenas un par de días antes de la histórica sesión cuando en la puerta del bazar que la familia Rached tiene en Pinto, su madre lo tomó de los hombros y le pidió: "Hijo, pensá en el honor de tu apellido".
La frase logró su impacto. Rached soportó las presiones de su gobernador y del Poder Ejecutivo -que incluyeron operaciones en medios aliados al kirchnerismo y amenazas de muerte, según reveló el senador en conversaciones privadas-, y se decidió por el rechazo a la 125. Su voto fue el que empató la pulseada en 36 senadores por lado y, por lo tanto, el que le permitió a Cobos convertirse en el muchacho de la película.