Con el primer día de este mes, el conocido Complejo Tita Merello, ex cine Suipacha, ubicado en esa misma calle entre Corrientes y Lavalle, cerró sus puertas por decisión de la cadena Cinemacenter (70 pantallas en todo el país), a cargo de Elena Suñé. Se trataba de un final varias veces anunciado, por diversos motivos. A mediados de la década del 90, Cinemacenter convenía con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), por entonces presidido por Julio Mahárbiz, que por una renta mensual y el pago de los salarios de sus operarios, la sala proyectaría cine nacional en sus tres salas. El acuerdo marcó un momento clave en la exhibición de cine nacional con impulso oficial. Hubo un segundo experimento (en la sala del Instituto de Cultura Religiosa Superior, de Rodríguez Peña y Santa Fe) que fracasó casi de inmediato. Aquel acuerdo inicial fue en tiempos de la convertibilidad, que en 2001 terminó con una devaluación monumental. El nuevo acuerdo en pesos devaluados, obviamente, no fue tan beneficioso para la empresa propietaria, pero tampoco para el Incaa, que por entonces también debía sortear las deudas generadas, no saldadas, de anteriores administraciones. La falta de adecuación de las salas a las nuevas modalidades de exhibición más la decadencia urbana de la zona en cuestión alejaron al público del complejo, el único de los tres cines que hasta la segunda mitad de la década del 70 funcionaron en esa cuadra. Entretanto, crecía el público del Gaumont, el segundo complejo del Incaa en Buenos Aires, finalmente rebautizados como Espacios Incaa.
En 2008, un grupo encabezado por Pablo Rovito y Daniel Burman propuso a los propietarios, con apoyo del Incaa, reciclar ese lugar para un nuevo complejo de cine-arte. No se dio, y esos potenciales inversores, con apoyo del Incaa, optaron por respaldar la construcción del complejo Arte Cinema, de Constitución. El Incaa se fue retirando de a poco del Tita Merello, hasta que en diciembre lo hizo por completo no renovando el convenio que en esta última etapa incluía la programación de una sola de esas salas. Números más o menos, el Incaa redirigió la inversión que requería el Tita Merello a las nuevas salas de Constitución que, al no resistir el circuito comercial, estaban en peligro de cierre.
Un blog salió en estos días a pedir por la continuidad del complejo de la calle Suipacha. "El cierre del Complejo Tita Merello implica una gran pérdida para la comunidad, pues fue una sala de especial importancia para el público interesado en el cine argentino y, últimamente, en el cine que no circula por las cadenas de multipantallas. El edificio es un ejemplo de nuestro patrimonio arquitectónico, que debe defenderse, lo mismo que la preservación de su destino. Fue el primer cine en Buenos Aires dedicado a la exhibición de películas argentinas, y su existencia permitió que las películas independientes pudieran sostenerse en cartelera y llegar a mayores cantidades de público", señala un comunicado publicado con el nombre de Fernando Madedo, que consultado por LA NACION, aclaró que el petitorio nació a través de la red social Facebook. El texto fue redactado por Miguel Angel Onaindia, en forma independiente a cualquier otro interés que no fuese cultural, por la preservación del espacio para el cine y el patrimonio arquitectónico urbano. Según Madedo, se trata de un pedido que tiene como fin ser elevado a la Legislatura porteña.
Suipacha no es la de antes
"Dadas las adhesiones recibidas y antes de aclarar que el Complejo Tita Merello es una propiedad privada que estuvo alquilada por el Incaa desde 1997 hasta hace poco tiempo, las autoridades locales son las que deberían velar por su destino si los organismos federales dejan de programarlo. Se elevará un petitorio a la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires para que, mediante el sistema de expropiación o de contrato administrativo, ceda su uso a una entidad no gubernamental con destino a la proyección de cine argentino independiente y extranjero que no es programado en las salas comerciales, y otorgue partidas para su renovación mobiliaria y tecnológica. Además, adopte las medidas de seguridad y control que acompañan en todas las ciudades modernas y democráticas decisiones de preservación de espacios culturales de esta naturaleza."
La zona que ocupa actualmente el Suipacha, al igual que buena parte de la calle Lavalle, ha sufrido un deterioro considerable en las últimas tres décadas. La resurrección del Suipacha en 1997 como sala de cine nacional fue una buena idea en su momento, pero, por diversos motivos coyunturales -la mayoría, ajenos al mismo espacio e incluso a la gestión del Incaa-, fue decayendo en cuanto a concurrencia.