Más vale pensarlo una y otra vez, hasta que el pensamiento madure y se convierta en breva, antes de encarar una propuesta severa, como la de pretender afiatar un equipo de fútbol.
Ciertas leves vicisitudes ocurridas en Sudáfrica permiten suponer que las propuestas severas no siempre son frutos de pensamientos maduros. Al grano: si un director técnico no atina a meditar cuando hace falta y por eso toma decisiones tontuelas, cabe esperar que se vea precisado a armar sus petates antes de tiempo, para volver a casa con la frente marchita y con la autoestima hecha felpudo. Psiquiatras y neurólogos de la Universidad de California han abonado la idea de que la meditación a fondo inhibe riesgos así de tenebrosos, siempre y cuando se la practique con asiduidad y sin que se le interpongan la superstición y el esoterismo.
El 26 de junio, este diario publicó un artículo sobre el tema titulado La meditación puede cambiar el cerebro , cuyo contenido destacaba que el pensar profundo incrementa y enriquece el caudal de materia gris, a la par que diluye los pensamientos agoreros. Los budistas, con el Dalai Lama a la cabeza, creen que los pensamientos agoreros suman ochenta y cuatro mil (tal cual, ochenta y cuatro mil), y que habitualmente galopan a babucha de la ira, de la ignorancia, de los afanes hiperposesivos, de la soberbia, de la envidia? Los estados de ánimo que inducen a ver el vaso medio vacío provienen de tales flaquezas, que uno podría superar si se permitiera un cotidiano rato de meditación.
Al respecto, el citado artículo recoge conceptos de la doctora Eileen Luders, quien lleva añares recorriendo los pasillos de la mente humana. Aunque con otras palabras, doña Eileen recomienda parar la pelota, no abusar del azaroso centro a la olla e intentar el predominio del medio campo, zona en la que tanto se gesta el avance sutil como el recule cauteloso. A su entender, basta que se cumplan tales consignas para que la vida, ese "picadito" que debemos jugar, nos evite la gambeta inútil y, en cambio, nos brinde un score satisfactorio.
Ya con España campeón y evacuadas las incertidumbres que desparramó Sudáfrica, el más módico paralelo entre la ciencia de la conciencia y el arte de perpetrar goles puede parecer extravagante o descabellado, pero no es así, qué esperanza. Durante un mes, millones de seres humanos -aunque no todos los directores técnicos- se sumieron en meditación sobria y sensata, sin recurrir a pases mágicos y sin ventilar animosidad grotesca. Animada de un raro ideal, imposible de entender desde una perspectiva religiosa, quizás esa gente haya obtenido un beneficio extra: el de incrementar y enriquecer su materia gris.