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Secretos del oficio y herramientas mentales

Pésimo pianista y peor guitarrista, he sufrido en carne propia una regla de oro del uso de las herramientas. Hay una forma correcta y una incorrecta, y usualmente la incorrecta cuesta más que la otra, la fácil, la intuitiva, la simplista, la obvia.

Secretos del oficio y herramientas mentalesClaro, pero somos inmejorables a la hora de auto-convencernos (de lo que sea). Por ejemplo, en mi adolescencia aprendí fotografía. Por supuesto, me pareció ridícula la posición de las manos que nos imponía el profesor para sostener la cámara. Es que la mente hace lo imposible por conservar sus hábitos y, con menos profundidad que una cucharita de helado, sale a decirnos: ¡Ay, por favor, estos fotógrafos usan esa técnica por puro esnobismo!

Unos pocos meses después tomar la cámara de la forma correcta se había convertido en una segunda naturaleza y no entendía cómo alguna vez podía haber pensado de otra forma.

Más aún: los beneficios de esta técnica son evidentes, pese a que uno necesita bastante práctica para incorporarla. La mano izquierda sostiene firmemente el equipo desde abajo y con los dedos se accede a los anillos de foco y diafragma. La mano derecha completa la sujeción pero, como la izquierda hace las veces de base, tiene bastante libertad para disparar, correr la película o, más modernamente, presionar y mover los controles digitales. Todo sin sacar el ojo del visor.

Siempre me llamó la atención esta condición anti-intuitiva de las técnicas para manejar herramientas. Cuando -vanamente- intentaba aprender piano me devanaba las sinapsis tratando de entender por qué siempre lo fácil estaba mal y lo correcto era más difícil. Parecía una suerte de destino sádico de todo instrumento creado por el hombre.

Me llevó años entender que la inteligencia es la menos evidente de las virtudes, y que las técnicas no son sino el resultado de un paulatino refinamiento de siglos. Se usa así, se toca así, se sujeta de esta o aquella forma, las escalas se ejecutan de esa y no de otra manera, se apoya la guitarra en esa pierna y no en la opuesta, todo por un motivo y nada más que uno: ésa es la única forma de explotar todas las posibilidades de un instrumento. Cada intérprete brillante añade una nueva vuelta de tuerca, una técnica novedosa, y el proceso aleja cada vez más el uso correcto de lo intuitivo y obvio . La máquina, la madera, el hierro, aparentemente inertes, acumulan así una cultura, secretos del oficio, técnicas centenarias, amplían sus prestaciones con el uso, progresan con las generaciones de manos que han rebuscado en sus clavijas, mangos y hendiduras hasta hallar el milagro de la ejecución imperfectible.

La regla es universal, se aplica a todas las herramientas, sin excepción. Recuerdo el día que mi padre me enseñó a martillar clavos. No debe haber cosa más simple que un martillo y, sin embargo, guarda media docena de secretos. Muchos años después, cuando me fui a vivir solo y se me dio por cocinar, alguien me enseñó que había una diferencia fundamental entre picar perejil de la manera correcta (haciendo un movimiento hacia adelante y atrás con la cuchilla), que de la forma intuitiva, simple, obvia ; es decir, machacando de arriba abajo. Si se hace de esta última manera, se aplasta la hierba y se pone negra enseguida.

Detalles mínimos que uno no adivina al mirar una herramienta tan simple como la cuchilla, el martillo o la pala, y que lleva años de práctica cuando nos enfrentamos a los instrumentos musicales, que son casi seres vivientes.

Qué decir entonces de las computadoras, teléfonos inteligentes, cámaras que filman en HD mientras localizan su posición vía satélite y, ¡ay!, robots que ya están entre nosotros .

Por cierto, como el paradigma técnico ha cambiado por completo en los últimos 30 años, la idea de herramienta también es otra. Piénselo. Un martillo mejora nuestra capacidad física para insertar clavos en materiales con más o menos la densidad de la madera. El telescopio nos permite ver más lejos. Con la bicicleta vamos más rápido, pero seguimos valiéndonos de las piernas.

Las computadoras a bajo costo perturbaron este tranquilo panorama introduciendo una novedad insólita. Por primera vez teníamos acceso a una herramienta que en lugar de potenciar nuestros músculos potenciaba nuestra mente. El ábaco y el astrolabio, honrosos antecedentes, carecían sin embargo de una condición notable de las modernas computadoras: no hacían nada por sí mismos ni procesaban señales, por lo que sus pocos usuarios entablaron con ellos la misma relación física que con cualquier otra herramienta de la época.

Con la llegada masiva de las computadoras era inevitable que también la forma correcta de uso cambiara diametralmente. Al revés que con la máquina de escribir, da más o menos lo mismo cómo usamos el teclado, el mouse o la pantalla táctil del smartphone. La postura correcta ya no es del cuerpo. Es de la mente.

Adiós a la rutina
Lo que no ha cambiado es que hay una forma correcta y una incorrecta. ¿Cuándo usamos mal una computadora? Cuando no la empleamos para automatizar procesos. Si realiza más de cinco veces por día una misma operación con sus herramientas digitales, es hora de preguntarse: ¿habrá alguna forma de automatizar esto? La respuesta en casi todos los casos será: sin duda.

Los procesadores de texto permiten grabar acciones por medio de las macros. Son fáciles de programar y ahorran miles de horas de tipeo, edición y formato.

Más simple todavía, asociar los estilos que más usamos (de nuevo, en Word u OpenOffice ) a atajos de teclado evita el engorroso y lento paseo del puntero del mouse por varios menús. Ctrl+1 en mis computadoras y todo el texto queda con la tipografía, el tamaño, los márgenes y las sangrías que quiero. Es un segundo. De otro modo me tomaría un minuto; sesenta veces más.

Las plantillas que más usamos -que desde luego contienen también todos estos atajos- pueden colocarse en el menú Inicio de Windows (o en Linux por medio de Preferencias> Combinaciones de teclas ) y asociarse, asimismo, a un atajo.

¿Dónde es más obvia la diferencia entre la máquina de escribir y la computadora? Con la primera debería haber hecho un curso para tipear correctamente. Nunca lo hice, y durante mucho tiempo sentí que había una pequeña pero irritante laguna en mi formación. Hasta que los procesadores de texto empezaron a hacer autocorrección y mi tipear desprolijo dejó de constituir un problema. No importa cómo golpeo las teclas, sino lo que escribo.

Ya que estamos con atajos, recuerde que puede usar el teclado para arrancar cualquier programa o abrir documentos y páginas Web, con la sola condición de que los coloque en el menú Inicio y configure, en Propiedades , lo que Microsoft llama Tecla de método abreviado . En Linux, lo mismo, usando el método antedicho. Ctrl+Alt+C=Calculadora. Ctrl+Alt+O=Outlook. Ctrl+Alt+F=Firefox . Y así.

En general, cualquier programa en cuyo flujo de trabajo se presenten a menudo tareas repetitivas ofrece macros o guiones. Photoshop , por ejemplo, o el Gimp , por medio de Script-Fu .

En Firefox puede asociar un buscador Web a una palabra clave. Luego, basta escribir en la barra de direcciones lo que quiere encontrar precedido por la palabra clave y se ahorrará muchos pasos y tiempo. En mi caso, g busca en Google, ? busca en el diccionario de la RAE y w , en la Wikipedia. Por ejemplo, para averiguar el significado de la palabra síncopa en lugar de usar:

rae.es +Enter+síncopa+Enter

pongo tan sólo:

? síncopa+Enter

Hacer backup está entre las actividades más aburridas, rutinarias e indispensables de la Creación. Tendemos a pasarla por alto. Es claro y distinto que el disco duro fallará catastróficamente, convirtiéndose en pulpa de plástico, metal y bits, cuando estemos a punto de romper la resistencia que la mente humana ofrece a las labores tediosas. Es decir, media hora antes de hacer backup.

Pero (sí, adivinó) las copias de respaldo también pueden automatizarse. Un programa como el gratis SyncBack ( www.2brightsparks.com/downloads.html#freeware ) se configura en cinco o diez minutos y hará el trabajo a la hora que le digamos, todos los días, sin cansarse, sin equivocarse, sin aburrirse. Un disco externo o un segundo rígido dentro de la misma computadora y el SyncBack (o cualquier otro por el estilo) hacen la diferencia entre llorar amargamente por las 2500 fotos perdidas de los primeros seis meses de nuestro primogénito y recuperarlas con un par de clics frente a una falla del disco.

Para darse una idea del nuevo concepto de usar correctamente las herramientas digitales basta pensar en las reglas de correo electrónico. Si trabaja en una empresa más o menos grande o conocida, lo sabe: llegan miles por semana, literalmente. No hay muchas posibilidades en este escenario. O borra, clasifica, reenvía y responde a mano o crea reglas para automatizar este calvario de la modernidad ( www.lanacion.com.ar/1051279 ).

No lleva más de una hora comprender cómo funcionan las reglas de correo y crear las que necesitamos. Si usa Gmail, los filtros operan de una manera casi idéntica. Prometo un tutorial detallado en esta columna dentro de poco. Son muchas las semanas de libertad que me he ganado gracias a las benditas reglas.

¿Estoy hablando de dejar la compu encendida todo el tiempo? Sí, por supuesto. No sólo es mejor para la electrónica (más de 15 años de esta práctica me lo han confirmado de sobra), sino que el sólo hecho de asegurarnos el backup automático de nuestros documentos irreemplazables lo amerita. El gasto en electricidad no varía casi nada.

Donde mire, en una computadora, encontrará formas de automatizar tareas. Si visita una página Web con cierta frecuencia con el smartphone, agréguela a las pantallas de inicio y se ahorrará dos o más pasos, por no mencionar el tipear de nuevo parte de la dirección.

Para Twitter ( http://twitter.com ) existen varias formas de automatización. Por ejemplo, TwitterFeed ( http://twitterfeed.com ) vincula fuentes RSS con la línea de tiempo y el Muro de Facebook ( www.facebook.com ). También, y como es bastante bien conocido, se pueden conectar la línea de tiempo con el Muro de Facebook y las actualizaciones de Linkedin. A fin de cuentas, lo que vale es la idea que tuvimos, no el número de clics que usamos para darla a conocer.

Es, en fin, una pregunta para hacerse a diario: ¿cómo puedo trabajar menos para hacer lo mismo con mi computadora? Investigue sus rutinas informáticas y se asombrará.

Y, como siempre, me encantaría saber qué opinan mis lectores. ¿Cuáles son los métodos favoritos para automatizar procesos en la compu, smartphone y demás? ¿Tienen alguno para compartir? ¿Cómo logran un uso más confortable o eficiente de sus herramientas digitales? Quizás podamos hacer un buen compilado. A propósito, el de los atajos de teclado que armamos en junio (¡más de 90 comentarios!) ya está en marcha.

Por Ariel Torres

Viernes 16 de julio de 2010

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