Las oscilaciones de Cobos, a dos años del voto no positivo
En los primeros meses, el vicepresidente intentó acercarse al kirchnerismo, pero, en simultáneo, mandó múltiples señales a la oposición; un historia de desplantes, acusaciones y rupturas
Desplantes, acusaciones cruzadas y aceleradas negociaciones preelectorales fueron algunas de las consecuencias de una decisión que marcó un quiebre: el voto no positivo de Julio Cobos. A dos años de su discurso en el Senado, su protagonista osciló entre las críticas a su compañera de fórmula, Cristina Kirchner, el acercamiento a la UCR y su posible candidatura a presidente.
Durante los primeros meses posteriores a la noche del 17 de julio, el vicepresidente se movió como un péndulo entre el kirchnerismo y la oposición. No se distanciaba del Frente para la Victoria, pero se juntaba con gobernadores enfrentados al Ejecutivo. Halagaba algunas decisiones oficiales pero asistía a cada acto que organizaba el campo. Pedía "dar vuelta la página" para reconstruir el vínculo con la Presidenta, pero cuando quedaba a cargo del Ejecutivo cuestionaba la política económica.
Minutos después del voto, Cobos quedó en el centro de la escena opositora. El mendocino se mostró siempre cerca del campo, aunque evitó confrontar con el Gobierno. Y hasta intentó algunos acercamientos con la Presidenta. Antes de recluirse en Mendoza, aclaró que no renunciaría a su cargo, afirmación que se cansó de repetir durante estos dos años.
A medida que las encuestas lo señalaban como el gran candidato para enfrentar a los Kirchner en 2011, el despacho desbordaba de opositores en busca de un acercamiento. De vuelta en Buenos Aires, el vicepresidente comenzó una relación pendular con el oficialismo: intentó conciliar, aunque, cuando podía, se mostraba con la oposición.
Su primera impresión favorable fue cuando halagó la designación de Sergio Massa, flamante jefe de Gabinete. También destacó la tarea del saliente Alberto Fernández en el puesto. "Ojalá pueda haber una buena relación entre la Presidenta y el vicepresidente", dijo, esperanzado con la idea de reconstruir las relaciones. Pero después recibió al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y al de Córdoba, Juan Schiaretti –en ese momento enemistado con el kirchnerismo-.
El péndulo volvió a tocar el otro extremo cuando pidió una audiencia con la Presidenta. Sin embargo, un día antes de visitar la Casa Rosada, recibió en su despacho a Felipe Solá y a Alfredo De Ángeli. Sus gestos y sus palabras transitaban caminos distintos.
Tras 22 días sin verse, la reunión fue fría. La Presidenta le reprochó su voto en la noche de la 125: le dijo que su rechazo a las retenciones móviles era "inexplicable". Horas después, Cobos se sintió más a gusto cuando visitó La Rural entre vítores de héroe.
No conforme con la distancia impuesta por el oficialismo, el vicepresidente pidió "dar vuelta la página" y reclamó que el Gobierno "tenga en cuenta a la Concertación", espacio que lo llevó a la vicepresidencia. La respuesta del kirchnerismo fue clara: en un acto en Mendoza, la Presidenta se mostró con el gobernador peronista Celso Jaque, su opositor provincial.
Las primeras críticas de Cobos llegaron cuando quedó a cargo del Ejecutivo tras la gira de la Presidenta por Paraguay. Cuestionó el plan oficial de estatizar Aerolíneas y pidió transparencia para las cifras del Indec.
También aprovechó para acercarse a la UCR. Sería el inicio de una relación sinuosa, con idas y vueltas, que sigue sin resolverse. Mientras sus diputados afines apoyaban el proyecto kirchnerista para estatizar Aerolíneas Argentinas –con modificaciones-, el vicepresidente posó en una decena de actos del campo y exigió acelerar las respuestas al agro.
En septiembre, Cobos respaldó la decisión del Gobierno de cancelar la deuda con el Club de París. También comenzó el tiempo de los coqueteos preelectorales. Desde su entorno mencionaron una posible fórmula compartida con Binner. Dos semanas después, el mendocino visito al mandatario provincial en su despacho y volvieron a crecer los rumores.
Levantó su perfil. Corrió maratones, brindó charlas en universidades del exterior y hasta fue a ver al equipo argentino de Copa Davis.
Las acusaciones desde el oficialismo volvieron a encenderse cuando, en ejercicio de la presidencia, Cobos recibió a Mauricio Macri. "Conspirado" y "desleal", le dijo Miguel Ángel Pichetto. El vicepresidente respondió con marcadas negativas: no acompañó la estatización de las jubilaciones y pidió explicaciones por la relación de Julio De Vido con la valija de Antonini Wilson.
Un mes después, Cobos recuperó el protagonismo. Mientras Cristina recorría África, Pro aprovechó para pedirle que vete la ley que reestatizaba las jubilaciones, pero el vicepresidente lo consideró "inoportuno" y evitó un nuevo escándalo. Lejos de amainar los ánimos, la tensión alcanzó su punto máximo en diciembre, cuando Cobos reivindicó su voto no positivo. En un acto en La Plata, Néstor Kirchner lo tildó de "destituyente". Desde ese momento, el conflicto se tornó irreversible. El péndulo se había inclinado hacia el extremo opositor y de ese lugar ya no se movería.
Las acusaciones cruzadas y los desplantes. En febrero de 2009, el oficialismo decidió no enviar al Regimiento de Granaderos a Caballo al acto por un aniversario de San Martín que encabezaba el radical. La Presidenta ya había dado aviso de la distancia: en la misa navideña celebrada en Luján no le dirigió la palabra. En sintonía con la fría relación, sólo le brindó un protocolar saludo en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso.
Volvieron a quedar frente a frente en las urnas: Eduardo Brizuela del Moral, candidato cobista, ganó las elecciones en Catamarca y le propinó una dura derrota al matrimonio presidencial, en marzo de 2009. Tras la victoria, Cobos repartió una batería de críticas en los meses posteriores: cuestionó el adelantamiento de las elecciones, repudió las candidaturas testimoniales y, antes de los comicios legislativos, se solidarizó con Francisco de Narváez, imputado en una causa sobre el tráfico de efedrina.
El ánimo proselitista apresuró sus múltiples negociaciones. En Mendoza, el Partido de la Concertación arrasó. Horas después, el vicepresidente reclamó un cambio de rumbo en el Gobierno. Cuestionó el Fútbol para Todos y recordó que el dinero que aportó el Estado para la TV es sustancialmente mayor al presupuesto de la Secretaría de Deportes. También fue duro con la ley de medios: en pleno apuro oficial para votar la iniciativa antes del recambio legislativo, pidió que "un debate profundo".
En enero, desatada ya la crisis en el Banco Central (BCRA), la Presidenta pronunció la distancia. Suspendió una visita oficial a China para no dejar a cargo del Ejecutivo a Cobos. El vicepresidente aclaró que, en tal caso, no llamaría a sesiones extraordinarias para tratar el uso de reservas del BCRA y le pidió que "reconsidere" la decisión.
Después de mucho tiempo, Cobos y el kirchnerismo volvieron a transitar el mismo camino. La crisis en el Banco Central había puesto al vicepresidente en la tarea de resolver el futuro de Martín Redrado. Cobos aconsejó que el ex presidente de la entidad se alejara y recibió críticas desde la oposición por su postura.
Pese a la coincidencia, el vicepresidente no declinó en su perfil opositor. El kirchnerismo repitió su fórmula: lo excluyó de los populares festejos por el Bicentenario. La cena de gala, con presencia de presidentes extranjeros, contó con Ricardo Alfonsín, pero el vicepresidente no fue invitado.
El propio Alfonsín le propinaría el más duro de los golpes posteriores al voto no positivo. En un intento por reposicionar su candidatura, el cobismo perdió la interna del radicalismo en la provincia de Buenos Aires, un área clave para manejar la estructura partidaria de cara a 2011.
Tras el cachetazo electoral, volvió a levantar el perfil. Insistió en su arremetida contra el oficialismo y parece haber elegido a la UCR para su candidatura. Hasta enfrentó a los Kirchner con uno de los temas más delicados: el matrimonio gay. Lejos de la postura del Frente para la Victoria, el vicepresidente apoyó la unión civil sin adopción.
Las oscilaciones todavía marcan el rumbo del vicepresidente y su futuro político es, todavía, una incertidumbre.
Por Iván Ruiz
De la Redacción de lanacion.com
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