El señor González ha decidido efectuar un programa clásico de los porteños: salir a comer afuera, con la patrona. Después de una semana de trabajo duro, llegando la noche del viernes y con el sábado libre, se le ocurre una idea romántica. Invitar a su propia esposa a comer por ahí, como si se tratara de una conquista.
Por una noche, ella no tendrá que poner la mesa ni lavar los platos. Se darán una buena ducha, se arreglarán coquetos y dispuestos como dos enamorados -¡que lo son!- y saldrán en el auto a buscar un lugarcito elegante. Un poco, como quien dice, a la aventura.
Después de todo, para darse estos gustos es que uno trabaja como un burro. De vez en cuando, el señor y la señora González merecen una noche bien servida.
Parten a las ocho en punto, los dos orgullosos de su buen aspecto: él un poco más gordo que hace treinta años, ella con todo un poco más caído que en 1980, pero todavía seductores.
Recorren los barrios más indicados: Palermo Hollywood, Las Cañitas, Belgrano. Finalmente estacionan junto a un restaurant de aspecto tibio y acogedor. Pocas mesas, un primer piso apenas iluminado, clima íntimo. ¡Ideal! Todo está en orden. Los manteles color café con leche, los mozos con sus chaquetas negras, la temperatura agradable. A sentarse.
Es temprano. Son los primeros clientes: con serenidad, ordenan una botella de buen vino mendocino malbec y unas empanaditas de queso brie. El mozo, expeditivo, desaparece. Pasan diez minutos. Después de este lapso inquietante, el mozo vuelve con malas noticias:
- No me queda queso brie.
En fin, no es nada. A elegir de nuevo de la carta. En un minuto se ordenan otras exquisiteces que ofrece nuestro cálido restaurant íntimo. El mozo desaparece durante otros diez minutos. Luego vuelve, pero otra vez con malas noticias:
- Ese vino no está en la bodega. No me queda.
¿Qué importa? Hay dos docenas de marcas de vinos mendocinos malbec. Se cambia la orden y a otra cosa.
Pasan otros diez minutos. El mozo no se ve por ninguna parte. Cada vez más hambriento e impaciente, el señor González observa algunos detalles. Han comenzado a llegar otros clientes. Los recibe una especie de maitre en mangas de remera.
La puerta de la cocina está abierta. Los señores González pueden ver a los cocineros que allí se esfuerzan batiendo cremas y cocinando pollos. No se trata de una "cocina-show", con hábiles artesanos de alto bonete blanco. Para nada. Sencillamente, la puerta quedó abierta y los comensales ven el interior de la cocina con todos sus ruidos.
De vez en cuando, alguno de los muchachos (cocinero, camarero, propietario ¿Quien sabe?) sale de la cocina y atraviesa la sala cantando, silbando o llamando a sus amigos a los gritos.
- ¡Tito, Jorge! ¿Llamó Julia?
- ¡No, todavía no llamó!- contesta alguien desde abajo.
El televisor está encendido en un canal de temas musicales, y también funciona -al mismo tiempo- el equipo de sonido del local, de manera que se mezclan los horrorosos compases de un "rock nacional" con un "bolero tropical remixado".
Hay una gran abundancia de ruidos. El mozo no reapareció, y ya han transcurrido casi 30 minutos desde que los González fueron instalados en su mesa. Finalmente, aparece con una botella de vino y otra de soda. Mientras las abre con dificultad, González le pide con la vena de las sienes ligeramente inflamada.
- Decime, querido. ¿Me podés traer un pedazo de queso?
- ¿Qué tipo de queso, señor?
- ¡Queso, cualquier queso! ¡Tengo hambre y en esta mesa no hay pan!
- Enseguida.
Mientras el señor González junta rabia y hambre, el singular maitre recibe a un matrimonio joven.
- ¡Hola chicos! ¿Donde quieren sentarse? ¿Allí o allí? Perfecto. ¿Qué van a comer?¿Vos qué querés? Ajá, ravioles a los cuatro quesos. ¿Y vos? Ajá, canelones a la Rossini. ¿Y para tomar? ¡Dale! ¿Y la Rossini cómo te la hago? ¡Dale!
El señor González, que ha sido beneficiado con un trato ligeramente más formal, se asombra ante el festival de impertinencias. ¿Desde cuando los clientes son "chicos"? Son siempre señores, y señoras. ¿Desde cuándo se responde "dale" cuando ordenan un plato, como si estuvieran sugiriendo un entretenimiento en el colegio? ¿Desde cuándo se tutea a los clientes? ¿Cómo es que un camarero se dirige a una señora para preguntar "cómo te la hago", es decir cómo encarga determinada salsa o plato?
Demudado, el señor González confiesa a su señora el asombro que lo invade. Ella, tratando de suavizar las cosas, le responde con una sonrisa:
- ¡No es nada, gordo! Hoy te tratan así. Para que te sientas más joven, en lugar de decirte señor, te dicen "chico" y en lugar de servir, te conversan. A los muchachos de ahora no les gusta sentir que están sirviendo a nadie.
- Es que no están sirviendo, gorda. El queso no llegó y el pan tampoco. La comida, menos. Además, por más que me tuteen y me traten como a un mocoso seguiré teniendo 60 años.
El hambre irrita a los animales y los pone agresivos. El ser humano, que no es más que un animal levemente educado, sufre el mismo proceso. A veces una pausa reflexiva evita el estallido feroz. El señor González empieza -pues- a reflexionar. Recuerda que ahora hay escuelas de chef y bartender, academias de cata y somelier, institutos donde se enseña el arte de la gastronomía y las maniobras correctas para descorchar champán o pasar una fuente. ¿Dónde irán a trabajar los jóvenes egresados de esas instituciones?
Porque los viejos mozos de bar o restaurant, que hoy tienen 70 años, no estudiaron en ninguna parte. Aprendieron el oficio en la práctica, humildemente, sin saber francés. Y allí están todavía trabajando por pocos pesos, parados durante diez horas, la mirada siempre atenta al movimiento de las mesas o el gesto de los clientes, atendiendo sin chistes y sin conversaciones gratuitas, sin tomarse confianzas indebidas, con una memoria sensacional para recordar la comanda de doce comensales o el bife "medio hecho" que ordenó el señor de la mesa veinte.
La noche romántica del señor y la señora González no tuvo el final que ellos soñaban. Al final resultó que entraba viento por los chifletes de las ventanas, y la comida salió carísima, aún sin dejar un solo peso de propina.