La Presidenta llega a China con un conflicto comercial pendiente
Todavía se mantiene el diferendo por la suspensión de la compra de aceite de soja
Un conflicto comercial no resuelto, compras millonarias para trenes y subtes, tratados y acuerdos de cooperación, una conferencia ante los principales dirigentes del Partido Comunista, cenas y almuerzos con empresarios de aquí y del otro lado del mundo y una escala en la cosmopolita Shanghai.
Así de agitada será la estadía de la presidenta Cristina Kirchner a partir de esta noche, cuando llegue a Pekín después de un larguísimo viaje de más de 40 horas para comenzar un viaje crucial en busca de reconstruir lazos con la China de Hu Jintao.
Después del plantón de enero, cuando la jefa del Estado canceló el viaje para no dejar a Julio Cobos a cargo del Poder Ejecutivo, esta gira se trasformó en una prioridad para el cuerpo diplomático nacional, consciente de la necesidad de generar confianza con un país que privilegia las relaciones personales para avanzar en los acuerdos.
Pero más allá de aquel traspié protocolar, Cristina Kirchner llegará a China con el conflicto por el aceite de soja aún sin solución, después de que el presidente Hu Jintao dejara de comprar ese producto argentino.
Las gestiones comerciales que hizo el Gobierno días pasados con la visita del secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Alfredo Chiaradia, y el secretario de Industria, Carlos Bianchi, a Pekín, no tuvieron avances y la mirada estará puesta en la cintura política que muestren ambos presidentes para destrabar el conflicto.
China argumentó que dejaba de comprar aceite de soja por el alto grado de residuos de solvente que contiene el producto. Pero como reconocen en el propio gobierno argentino, en las charlas de las últimas semanas, el gobierno de Jintao dejó trascender que la negativa a importar aceite se debía a la necesidad de conseguir que la Argentina permita el ingreso de algunos productos chinos con menos barreras arancelarias.
"Hemos iniciado las conversaciones y las vamos a seguir ahora. Pero no se puede decir nada más", se excusó un funcionario ante La Nacion, en medio del hermetismo con que la Casa Rosada maneja el tema para que la misión no fracase antes de empezar.
En Pekín las expectativas no son demasiado altas. "Es un tema pendiente. Y esperamos que se pueda resolver. Siempre depende de los esfuerzos de ambos lados y una visita puede ayudar", dijo a La Nacion Zhang Buxin, director de la Oficina Política de la embajada de China en la Argentina. El funcionario agregó que ambos países avanzarán en la coordinación de políticas comunes en el G-20, como la reforma al sistema financiero internacional, y celebró que la Presidenta, disculpas mediante, pueda finalmente realizar una visita de Estado a China.
Dar algo a cambio
En el mundo empresarial tampoco hay mucho optimismo e intentan presionar para que el Gobierno afloje. "Al entablar una negociación, uno da y el otro también. El Gobierno debe dar algo a cambio", dijo a La Nacion el director ejecutivo de la Cámara de Comercio Argentino-China, Ernesto Fernández Taboada, quien confía en el conocimiento de Chiaradia. "Cuando él estuvo no llegaron a resolver la cuestión por una falta de oferta de la Argentina. Esperamos que ahora se ceda algo", apuntó. Para él, el viaje de la Presidenta es esencial para resolverlo.
China es el principal comprador del aceite de soja producido en la Argentina y tras el conflicto, según fuentes de la Cancillería nacional, lo que hizo Pekín fue ampliar las compras de porotos de soja para producir en su país. El Gobierno cree, de todas maneras, que los chinos no pueden prescindir de la importación y aunque Brasil lo abasteció en parte en el último tiempo, tampoco tiene la capacidad total para hacerlo. Allí está puesta la esperanza.
Con esas diferencias en puerta, la Presidenta se verá cara a cara con Hu pasado mañana, con quien compartirá una reunión y una cena. Allí se firmarán jugosos acuerdos comerciales, pero la cifra final varía tanto que nadie quiere arriesgar una para evitar el papelón de Néstor Kirchner con las inexistentes inversiones por 20.000 millones de dólares que dijo le habían anunciado los chinos. Aquello fue desmentido y claro, la plata nunca llegó.