Al cabo de un proceso complicado, fue el último sudamericano en llegar al Mundial. Sólo ganó seis de sus 18 partidos de la clasificación. Terminó en la mitad de la tabla y se ganó la plaza en el repechaje contra Costa Rica. Tras su eliminación en octavos en Italia 90, sólo había estado en Corea Japón, eliminado en la fase de grupos y sin triunfos.
Al cabo de un proceso complicado, fue el último sudamericano en llegar al Mundial. Sólo ganó seis de sus 18 partidos de la clasificación. Terminó en la mitad de la tabla y se ganó la plaza en el repechaje contra Costa Rica. Tras su eliminación en octavos en Italia '90, sólo había estado en Corea-Japón, eliminado en la fase de grupos y sin triunfos.
Con un campeonato local sin jerarquía como consecuencia del masivo éxodo de jugadores, sus clubes miran de lejos la Copa Libertadores. El último título sigue siendo el de Nacional en 1988. A pesar de la cantidad y la calidad de sus futbolistas dispersos por todo el mundo, no podía armar una selección confiable. Cambiaba de entrenador como quien cambia de traje. Desde 1990 hasta 2006, desfilaron Luis Cubilla, Ildo Maneiro, Héctor Núñez, Juan Ahuntchaín, Roque Máspoli, Víctor Púa dos veces, Daniel Passarella, Juan Ramón Carrasco, y Jorge Fossati. Diez ciclos.
La Asociación volvió a confiar en Oscar Tabárez, el DT de la última victoria en Mundiales (1-0 a Corea con gol de Fonseca en el '90). El Maestro asumió en marzo de 2006, anunció el regreso al sistema 4-3-3 y pidió el compromiso de los clubes uruguayos para elegir libremente a los jugadores y hacer entrenamientos semanales. Lo hizo como cabeza de un proyecto global, que incluía la gestión en todas las selecciones juveniles. Armó su equipo de trabajo y eligió a los entrenadores de las distintas categorías. En 2009, jugó los dos Mundiales menores. Ha sido uno de los cuatro países en completar la trilogía con el de mayores, junto a Brasil, Italia y España.
"La salida del fútbol uruguayo pasa por estas selecciones permanentes y por tener un diagnóstico claro de los chicos que dejan el baby-fútbol", decía Tabárez en abril del año pasado. El sorteo en Ciudad del Cabo entregó la primera buena noticia, una zona durísima con Francia, México y el local. La Celeste se agranda en las difíciles. Le encanta ir de punto y se motiva cuando la descartan desde afuera. Así logró el Maracanazo del 50. Tras el conservador esquema en el 0 a 0 con Francia, el seleccionador hizo dos cambios que ordenaron y potenciaron al equipo. Puso al excelente lateral Fucile y al delantero Cavani, regresando al 4-3-3 proclamado en su primer discurso. Le ganó a Sudáfrica y a México. Evitó el duelo con Argentina en octavos y, como pudo, se cargó a Corea y Ghana para meterse entre los cuatro mejores.
Lo que no llenó con juego, lo compensó con ese espíritu que le agregó un punto de épica a sus duelos de mano a mano. Le puso el alma a la semifinal con Holanda. Y se tomó en serio el partido por el tercer lugar. Una vez más, reaccionó ante la adversidad. Lo dio vuelta con el primer gol de Cavani en el torneo y con el quinto de Forlán, el mejor delantero del Mundial. Muslera le facilitó el empate a Jansen. El equipo se quedó sin piernas y Alemania lo aprovechó. Kissling cambió el desarrollo y Khedira la metió de cabeza. La última fue para Forlan pero su tiro libre hizo temblar el travesaño. Este coloso se lo merecía. Será difícil olvidarse de Diego, Fucile, Pérez, Suárez. La Celeste se ha ganado el respeto del mundo entero. En Montevideo, serán recibidos como héroes. Al cabo de un suceso maravilloso, Uruguay fue el último sudamericano en irse del Mundial.