Exitoso cierre de la temporada de remates en Buenos Aires.
El tramo final de la temporada porteña de subastas de arte suele ser el más activo del año y en el que suelen obtenerse los mejores resultados. Al mismo tiempo, la concentración de convocatorias genera una sobreoferta: es prácticamente imposible para nuestro mercado absorber, en unos 20 días, de 3000 a 4000 obras y objetos de arte. Y eso que siempre hay comerciantes dispuestos a comprarlos a precios locales y exportarlos a las capitales del mundo.
Cuatro subastas de primer nivel se realizaron en los últimos días en Naón, Saráchaga, Hijos de Martín Saráchaga y Roldán. Las cuatro casas dedican sus ventas a obras y objetos de arte de la más amplia gama, desde el arte nacional al extranjero, muebles, alfombras y tapices, platería, objetos de arte oriental e incluso algunas "curiosidades". El valor agregado que representa una buena procedencia es muy tenido en cuenta por el público que frecuenta estas subastas.
En el caso de Naón, la salida a plaza de la colección de un conocido crítico de arte y coleccionista, cuya familia prefirió preservar su nombre, reunió a interesados en los variados rubros. Incluso objetos tribales africanos fueron arduamente disputados. Pero la atracción mayor radicaba en el arte europeo: una soberbia marina en la playa de Cullera, del español José Mongrell, se vendió en US$ 112.100; otro tema de playa, del vasco Anselmo Guinea y Ugalde, partió para Euzkadi por US$ 48.200, y el catalán Antoni Clavé protagonizó la venta de colorido paisaje urbano en US$ 65.020. El arte francés registró su valor mayor en una señorial pintura de Paul Tavernier (US$ 65.530). Del arte argentino, destacamos tres espléndidas y coloridas tintas de Víctor Magariños D., artista "de culto", que fueron bien aprovechadas por una reconocida especialista local.
En su hotel de ventas de la calle Juncal, Juan Saráchaga puso en venta piezas procedentes, en buena medida, de las colecciones de Dolores Santamarina de Echagüe y de Heriberto Duggan y Agustina Uriburu de Duggan, así como parte de las bibliotecas de Anchorena y de Delia Garcés y Alberto de Zavalía. Una estupenda escultura en mármol de Alfred Boucher, que representa un bellísimo desnudo femenino, fue peleada por teléfono entre un coleccionista argentino de primer nivel y representantes del sector exportador. Entre aplausos ganó el coleccionista local, cuyo momento de felicidad tuvo un costo de US$ 199.540. Muebles de época y de estilo, de procedencia francesa, inglesa, italiana y portuguesa concitaron la atención de buena parte del público y alcanzaron valores inusuales en plaza. Destacamos un magnífico reloj de pie Luis XV, ex colección Madero Unzué, que se vendió en US$ 28.560 y una mesa de mármol, bronce y placas de porcelana, de época Napoleón III, que llevó el martillo a los US$ 39.800. Entre los highlights de la noche señalamos una sopera de plata inglesa victoriana, vendida en US$ 73.500.
En Hijos de Martín Saráchaga, la atracción principal radicaba en el arte argentino. Una pintura de Xul Solar, de los años cincuenta, se vendió en US$ 52.780. Un conocido decorador eligió un soberbio Antonio Seguí de 1971, por el que pagó US$ 42.700, y una obra de León Ferrari, que el artista donó para ser vendida a beneficio de una entidad, trepó a los US$ 18.500.
Finalmente, en Roldán los lotes que concitaron la mayor atención fueron los procedentes de la ex colección de José León Pagano, el reconocido crítico de LA NACION e historiador del arte. Un soberbio Día de fiesta (1933), de Carlos Ripamonte, alcanzó los US$ 25.780; una cabeza en bronce que Riganelli hizo de Pagano fue vendida en US$ 12.890 y un autorretrato del propio crítico no se le escapó, previo pago de US$ 6280, a un coleccionista local.