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Entre copas congeladas

De Toronto a las cataratas del Niágara, los viñedos de Ontario ofrecen sus famosos Icewine, para degustar durante todo el año

Entre copas congeladasNIAGARA-ON-THE-LAKE, Canadá.- Arthy es el mejor chofer de limusinas que hemos conocido, tal vez también por ser el primero. Llegar en su auto blanco y reluciente hasta las cataratas del Niágara, desde Toronto, ha sido una experiencia colorida, aunque menos extravagante que lo imaginado, porque el grupo es de once personas y queda poco espacio para las piernas. Pero Arthy le pone onda, hablando por micrófono en un español muy meritorio. Y de la música nos ocupamos los del fondo.

En rigor, ciudades modernas del Primer Mundo ofrecen limusinas en alquiler por casi el mismo precio que el de una combi. Por eso hay muchas y llaman poco la atención, pero no deja de ser curioso llegar hasta las Cataratas detrás de su lujoso vidrio polarizado. Y más aún atravesar en ella, dos horas más tarde, los viñedos de Ontario hasta la primera bodega de los famosos Icewine.

Por la tranquila ruta 81 se llega hasta Château des Charmes, una de las casas que le dieron renombre a este producto de alta gama, hecho con uvas heladas sobre la propia cepa; es un vino dulce, básicamente de postre. El lugar está a 20 minutos de las Cataratas, a un costado de la ruta a Toronto. Otra opción de regreso a la gran ciudad es la 87, que bordea el lago Ontario y reúne otras diez bodegas. En total, hay más de cincuenta en la región.

Paul Bosc es el dueño de Château des Charmes. Su familia emigró de Argelia en 1962, tras la independencia de ese país: en lugar de volver a su originaria Francia -donde los consideraban pieds-noir , o pies negros, de manera despectiva, tras su largo paso por Africa-, viajó a Canadá junto con cientos de expatriados .

Las plantaciones eran entonces de uvas concord, muy buenas para mermelada, pero no para vino, salvo el kosher. Por eso, Paul importó uvas desde Europa, para continuar con la tradición vitivinícola de cinco generaciones antes de la suya. En 1979 logró su primera cosecha, de 6000 botellas. Hoy produce más de un millón.

La visita comienza por los viñedos, donde hay además miles de rosas, no sólo porque quedan lindas, sino también por su fragilidad: cualquier enfermedad las ataca primero, de manera que las uvas puedan ser rescatadas a tiempo. También hay grandes ventiladores para bajar el aire caliente y evitar que se congelen las raíces.

Arthur pide permiso para acompañar al grupo en el recorrido, porque si bien es de la zona, no conoce la bodega. Desde el inicio, él pregunta con entusiasmo... y retórica: "Las uvas se cosechan cuando la temperatura baja a -8° Celsius, ¿verdad?" Exacto, le responde Chris, el guía, mientras explica que la gran amplitud térmica es clave en la producción de Icewine, vino que se disfruta especialmente con foie gras y quesos azules. "Y con postres", agrega Arthy, en un recorrido guiado, a estas alturas, a dos voces.

La cosecha es entre diciembre y enero, cuando también se realizan encuentros de arte y música en la región, como el Niagara Icewine Festival, para festejar las buenas nuevas y pasar mejor el invierno. Pero en cualquier época del año se pueden visitar las bodegas, que después de exhibir el sistema de producción, cavas y barricas, invitan a probar sus vinos.

Chris se ubica detrás de la barra del tasting bar y comienza con un Aligoté, uva clásica de la bodega, ideal para acompañar ostras, mejillones y langostinos, según cuenta el hombre, porque el tour no incluye ni unas aceitunas. Después ofrece Chenin Blanc y Cabernet Sauvignon, para pasar a vinos más dulces, que se sirven bien fríos.

El guía y Arthur explican que la cosecha del Icewine se realiza de noche y en forma artesanal, por eso es un vino mucho más caro que el común. Cada temporada llegan aquí 35 mexicanos especializados en la tarea. Son prácticamente los mismos hace 25 años.

"La uva -cuenta Chris-, además de dura, es mucho más pequeña que la del vino tradicional."

"Correcto", acota el chofer, acodado ya sobre el mostrador.

"Por eso se necesitan seis veces más uvas que para un vino común", continúa el guía mientras cambia las copas. La prueba es de siete botellas en total. Todos hacemos lugar para el Icewine, salvo Arthy, que no deja pasar ninguna. Apenas se mojó los labios, asegura, pero el regreso se complica.

El Icewine es muy frutal e hiper- concentrado. Cada botella de 375 ml cuesta entre 50 y 80 dólares, de manera que el paso por la wine boutique queda para otro momento. Es la hora de darse otro gusto: manejar una limu por los hermosos campos de Ontario. Son casi 90 minutos hasta Toronto. De la música, ahora, nos ocupamos los de adelante.

Por Martín Wain
Enviado especial

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