Ciclista, dio dos veces la vuelta al mundo y sabe exactamente cuántos kilómetros lleva recorridos: 150.000
Su pasión por la bici comenzó sin pedales, cuando tenía 6 años y corría detrás de un amigo que sí tenia una bici, para acompañarlo. Entonces Mariano Lorefice daba dos o tres vueltas manzana con la lengua afuera; jamás hubiera imaginado que llegaría a dar dos vueltas al mundo en, ahora sí, su propia bicicleta.
Hoy Lorefice, con 40 años, es triatleta de ultradistancia, guía de cicloturismo y mountain bike, y lleva recorrido 150.000 kilómetros por 64 países. Participó de ultramaratones y fue pionero en los triatlones de mayor extensión en el mundo. Así logró un lugar entre las diez primeras personas que completaron competencias como el primer Quíntuple Ironman (Holanda, 1991) y Decaironman (38 km de natación, 1800 km de ciclismo y 422 km de trote; México 1992).
"Probablemente, el hecho de no tener una bici hasta después de los 10 años hizo que la deseara muchísimo. Luego tuve una muy normal y recién de grande pude tener una con diferentes velocidades", cuenta este atleta cuyos primeros trayectos en bicicleta propia eran de sólo 3 kilómetros, distancia que recorría para ir a la casa de su abuela, donde se refugiaba para leer libros de aventura y viajar con la imaginación. Según él mismo, por entonces era un chico "gordito, anteojudo y muy tímido".
Al cumplir los 15 años, Lorefice ya hacía 45 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para ir a una escuela agraria. Esos viajes, que encaraba vestido con jeans, camisa y un bolso con los libros fueron su primera aventura. Y en 1986 pedaleó desde su ciudad hasta el lago Huechulafquen, en el Parque Nacional Lanín.
"Descubrí que el ciclismo se puede transformar en aventura y uno en ciudadano del mundo. Al alejarme de mi casa y afrontar la geografía de mi país o de un continente descubrí lo grande que es la conexión con la naturaleza y lo pequeño e insignificante que puede resultar uno -explica-. Pero desde esa pequeñez y humildad es donde uno empieza a descubrir el mundo, la grandeza de la naturaleza, a adaptarse para sobrevivir y disfrutarla. Me encantó la idea de transportar todo lo que necesitaba en mi propia bici y descubrir que no hacían falta tantas cosas para girar por el mundo."
Las travesías le sirvieron para enfrentar todo tipo de situaciones extremas. Como cuando alcanzó la cumbre del Aconcagua (siempre con la bicicleta y en solitario); la cumbre de Ojos del Salado (el volcán más alto del mundo), y cuando realizó el cruce del Himalaya y la meseta tibetana -con tramos a más de 5200 msnm y temperaturas heladas de -35ºC-, o el cruce de la Karakoram (Pakistán-China).
Desafíos extremos
También llevó adelante travesías por los desiertos más importantes del globo, como Kalahari, Australia, Namib, Sahara, Atacama, Kavir, con temperaturas superiores a 55ºC, y surcó las regiones más frías del planeta en sus travesías por Canadá (5700 km con -67°C), Alaska y el Círculo Polar Artico, donde recorrió 2000 kilometros.
Entre sus logros también debe mencionarse el cruce de la selva amazónica (3000 km), la selva centroamericana y el trayecto desde Ushuaia hasta Alaska (23.000 km).
-¿Cómo fue tu primera vuelta al mundo?
-La hice entre 1996 y 1997, enteramente por el hemisferio norte, cruzando Europa, Medio Oriente, Asia y América del Norte. En este recorrido realicé varias desviaciones y zigzag, buscando pasar por puntos extremos continentales (como Cabo Norte en el Artico) y países que me parecían más interesantes que otros. Por ejemplo, estando en Ucrania podría haber ido por Rusia hasta Pekín, y sin embargo preferí cruzar otros países de la ex Unión Soviética, realizando una desviación hacia el Sur para conocer Medio Oriente, y desde Irán dirigirme a Pakistán, la India, Nepal, cruzar el Himalaya, que tanto me fascinaba (y fascina), el Tíbet y China. Este recorrido me permitió conocer una variedad de culturas y geografías que, para cruzar en la bici, me representaron un gran desafío. Pedaleé unos 24.000 kilómetros en ocho meses.
-¿Y la segunda?
-La segunda vuelta al mundo la realicé entre 1998 y 1999. En este recorrido tuve que hacer varios tramos en avión, para conectar los continentes e islas por donde pasaba. Inicié en Monovar -el mismo pueblito de España donde había empezado la primer vuelta al mundo- y me dirigí hacia el Sur, pasando por Gibraltar, Marruecos, Islas Canarias, Venezuela, Brasil, Bolivia y la Argentina, donde realicé una pausa en Buenos Aires para recuperarme de la malaria que contraje en el Amazonas. Y seguí por Namibia, Sudáfrica, Malasia, Singapur, Indonesia, Australia, Nueva Zelanda y Chile, desde donde pedaleé hasta La Plata, mi ciudad de nacimiento. Cabe destacar que la mayoría de estos países los recorrí con Regina, que era mi pareja.
Para Lorefice, estas dos vueltas al globo fueron dos cortos viajes, que le sirvieron para darse cuenta de lo grande y dinámico que es el mundo, y tomar la decisión de no parar más.
"Es probable que los lugares donde estuve hace diez años ya no existan o hayan cambiado. También yo he cambiado. Entonces, ¿por qué no regresar para ver esos nuevos lugares con nuevos ojos?", se pregunta Lorefice, que con el Tao Te Ching , de Lao Tsé, como libro de cabecera, irónicamente rescata esta frase: No es necesario que el hombre salga de su casa para conocer el mundo.