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Moscú, para amantes de la arquitectura

Desde las altas torres hasta los subterráneos, un circuito a partir de los iconos del diseño soviético en la gran capital

Moscú, para amantes de la arquitecturaMOSCU.- Cada sistema político, cada organización humana, deja su impronta en el lugar donde convivimos, especialmente en las ciudades. Rusia experimentó durante los últimos noventa años cambios tremendos en su forma de gobierno, que la llevaron de una monarquía centenaria al comunismo de los soviets, para luego desde hace poco más de tres lustros alcanzar un sistema republicano parlamentario.

Todavía resulta prematuro hablar de una arquitectura republicana, más allá de cambios cosméticos. Pero el comunismo, entre 1917 y 1991, dejó su marca en esta capital con ciertos edificios paradigmáticos que aún hoy se pueden contemplar. Algunos de ellos no tienen el destino original para el que habían sido pensados por los jerarcas del partido, pero permiten imaginarse fogonazos del aspecto que tuvo durante casi ochenta años la impactante Moscú.

1. Relicario comunista

Como un santuario del ateísmo y del fundador del Estado soviético, el mausoleo que guarda los restos de Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, se eleva todavía en uno de los extremos de la Plaza Roja, pegado a las murallas del Kremlin moscovita.

Cuando cayó el régimen comunista se dijo que los restos de Lenin dejarían de estar permanentemente ante la vista del público y no se mantendría más el embalsamamiento que se le practicó al morir, para dejar que la naturaleza siguiera su curso. Pero la realidad es que hoy, a 18 años de la caída de los soviets, sigue en exposición, aunque con mucho menos afluencia de público.

Para entrar hay que dejar cámaras, filmadoras y bolsos en un depósito especial. No se cobra por el ingreso y está abierto martes, miércoles, jueves, sábado y domingo, de 10 a 13. La fila avanza rápidamente y los guardias de seguridad no permiten que uno se detenga frente al catafalco, situado en un ambiente penumbroso y de silencioso respeto.

2. Palacio de los Congresos

Si entramos en el propio Kremlin, encontramos un buen ejemplo de arquitectura comunista: el Palacio de los Congresos. Mandado a construir por Nikita Kruschev, fue completado en 1961 y se destinó a las multitudinarias reuniones de los delegados del Partido Comunista de la Unión Soviética. De unos 120 metros de lado, muros vidriados y con un auditorio principal para 6000 personas, ahora se utiliza para representaciones de la Compañía del Ballet del Kremlin, conciertos de música clásica y de rock. Se puede visitar cuando hay representaciones.

3. Hermanas proletarias

Dominando la mayoría de los edificios que encontramos en la capital, se alzan las llamadas Siete Hermanas, siete altos rascacielos mandados a construir por el todopoderoso Joseph Stalin. No podía ser que el mundo capitalista tuviera sus ejemplos de construcciones que acariciaban las nubes y que el paraíso proletario, no.

Distribuidas por toda la superficie de la ciudad tienen diversos usos. Construido en 1952, el primero de ellos es un edificio de departamentos y está en el número 1 de la Kotelnicheskaya Nab, cerca de la estación Taganskaya. En sus 32 pisos alberga 700 unidades habitacionales. Al año siguiente se erigieron los tres rascacielos que cobijan el Ministerio de Industria Pesada -en la zona de Krasnye Vorota-, la Universidad Estatal de Moscú y el Ministerio de Relaciones Exteriores, en las proximidades de Smolenskaya. En 1954 se levantaron el edificio del número 1 de la Kudrinskaya Ploshchad -habitado en la época soviética por miembros de la elite gubernamental, artistas amigos del régimen y cosmonautas- y el hotel Leningradskaya, hoy Hilton Leningradskaya. Quien esto escribe tuvo la oportunidad de pasar unos días alojado aquí. Hoy tiene los estándares de calidad occidental, en un ambiente majestuoso y de bastante lujo.

La última de las Siete Hermanas construidas, en 1955, es el hotel Ukraina, hoy en proceso de modernización y que espera abrir sus puertas nuevamente este año.

Pero la primera de las hermanas bolcheviques nunca se construyó. Era el Palacio de los Soviets e iba a alcanzar una altura de 415 metros. Este mamotreto se iba a levantar en el lugar de la hermosa catedral de Cristo el Salvador, hoy reconstruida. El templo original fue dinamitado en 1931 y su lugar lo ocuparon durante varias décadas unas piletas populares. Hoy de nuevo se yergue una reproducción exacta de esa catedral.

4. Subte para el asombro

Por sólo 19 rublos uno puede recorrer libremente toda la red de subterráneos de la ciudad, es decir, con tarifa plana independiente de los cambios de línea o sentido. Algunas de sus estaciones son excepcionales ejemplos de la construcción comunista de las décadas del treinta, cuarenta y cincuenta.

Una gran M en colorado indica en la vía pública la entrada a todas las estaciones del metro, como aquí se conoce al subte. La señalización -al igual que en la superficie- está sólo en cirílico. Por eso, a no asustarse si uno se pierde. Conviene conseguir un mapa bilingüe de las nueve líneas. A lo sumo deberemos cambiar de formación para retomar el camino andado.

El subte, cuya profundidad es mucha mayor que el de Buenos Aires, sirvió lo mismo que el londinense en los aciagos días de la Segunda Guerra Mundial como refugio antiaéreo durante los bombardeos efectuados por los aviones del Tercer Reich. La amplitud de sus pasillos y túneles le permitía cobijar a miles de personas.

Pero al momento de su construcción fue un motivo de orgullo para Stalin. Lujo, puntualidad, comodidad. Tales los estandartes enarbolados para mostrar la supuesta superioridad y logros alcanzados por el sistema económico dirigista.

En la estación Teatralnaya, por ejemplo, construida en 1940, se reflejan las artes regionales de cada una de las repúblicas de la ex Unión Soviética.

La Novoslobodskaya se destaca por sus decoraciones con vitrales y paneles de vidrios de exquisitos colores. Desde la Mayakovskaya, que durante los tiempos del conflicto sirvió como el cuartel general de las fuerzas de defensa antiaérea, el comandante supremo, Stalin, arengó a los generales y comisarios políticos la noche anterior al inicio de la primera contraofensiva soviética. El cuartel general del dictador se ubicó en la Chistye Prudy, antiguamente llamada Kirovskaya.

Park Pobedy es la estación de subte más profunda del mundo, pero el calor no agobia para nada.

Otras paradas para destacar son la Mayakovskaya, Kropotkinskaya, Ploshchad Revolyutsii y Arbatskaya, aunque en varias podemos encontrar espléndidos recubrimientos en mármol, acero, arañas inmensas y estatuas gigantescas.

Hay también un museo dedicado a la construcción del subte. Está en la estación Sportivnaya. Abre sus puertas de lunes a viernes.

Por Manuel H. Castrillón
De la Redacción de LA NACION

Fuente

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