La capital nórdica, tan amigable para los peatones, muestra orgullosa un ajustado equilibrio entre urbanismo y naturaleza; en sus calles, la historia se funde con lo contemporáneo y el arte sorprende a cada paso.
OSLO.- Tiene el encanto de las urbes milenarias. Ordenada, elegante, pulcra, sus calles ofrecen una equilibrada combinación de arquitectura medieval, diseño renacentista y construcciones modernas que sorprende a cada paso. Y como si eso no alcanzara para que la capital de uno de los países más ricos y pacíficos del mundo fuera una atracción en sí misma, Oslo tiene otra ventaja: se puede recorrer a pie.
Y hay lugares que no pueden faltar en el itinerario. Si comenzamos desde la Estación Central, todos quedan por el mismo camino. Así uno puede disfrutar de un paseo por el centro; conocer la historia de este país y hasta tener la sensación de que se está visitando un museo al aire libre.
La Estación Central es la terminal de trenes más importante del país. Se compone de dos edificios, con un gran centro comercial, donde se pueden encontrar desde supermercados hasta patios de comida.
Este paseo funciona como una calle interna que conecta con la peatonal de la ciudad y con el nuevo edificio de la Opera.
Al lado de la estación, en dirección al mar, se encuentra un majestuoso edificio: la Nueva Opera. Inaugurada el 12 de abril último, después de 5 años de trabajo, es la construcción cultural más grande que se haya edificado en Oslo. Fue inspirada en un témpano de hielo que emerge entre las aguas y así se puede ver, blanca, fastuosa y apoyada sobre el mar.
Karl Johans Gate es la calle principal de la ciudad. Esta peatonal concentra gran parte de las tiendas más importantes, que se distribuyen a un lado y otro para constituir una especie de shopping a cielo abierto; no por nada suelen decir que un hombre puede recorrerla en no más de 10 minutos, mientras que una mujer no lo hará en menos de cuatro horas.
A lo largo de esta calle Florida nórdica están Glass Magasin, Steen y Strøm o By Porten, tradicionales galerías comerciales con artículos para el hogar, ropa y perfumerías, que sólo en meses de liquidación, julio y diciembre, tienen precios accesibles para el bolsillo argentino. Tampoco faltan las casas de souvenirs, como en todo paseo turístico. Un recuerdo de Oslo de los más económicos, como un imán para heladera, cuesta alrededor de 15 pesos argentinos, y una remera con las inscripciones del país, de 70 a 150 pesos.
Pero en esta peatonal no todo son negocios y tiendas. Los fines de semana, uno puede cruzarse con adolescentes que ofrecen abrazos gratis, mesas con señoritas que miden el estrés, y también con gente que da clase sobre cómo deben comportarse los perros en las calles, además de un sinfín de artistas callejeros que ambientan la ciudad con su música y arte.
De la catedral al Parlamento
A mitad de camino, sobre la mano derecha, se encuentra la catedral. Esta construcción neogótica de ladrillos fue realizada en 1697, cuando la ciudad apenas comenzaba a urbanizarse (este año no puede visitarse porque está cerrada al público por reformas).
Unas cuadras más adelante, sobre la izquierda, un enorme edificio neorromántico abre la peatonal a una plaza: se trata de la sede del Parlamento noruego. Una vez que dejamos atrás la enorme edificación, el paseo se convierte en la avenida Karl Johans, que algunas cuadras más adelante cambia la fisonomía para transformarse en una zona muy popular de bares, hoteles de gran categoría y restaurantes, que termina a los pies de la entrada al Palacio Real, residencia oficial de los reyes. Este edificio simple, de estilo neoclásico, que carece de la majestuosidad propia de los grandes palacios, fue construido en 1848 y no está abierto al público, pero está rodeado de enormes parques que invitan a disfrutar.
Oslo es también una ciudad salpicada por el arte. En cada plaza, en cada calle o en cada esquina es posible toparse aquí y allá con esculturas de todo tipo y tamaño. Pero hay dos lugares donde se concentran: Aker Brygge y el parque de Gustav Vigeland.
Así como Nueva York tiene su South Street Seaport y Buenos Aires su Puerto Madero, Oslo tiene su Aker Brygge. Antiguamente, éste era un sector de astilleros, que en 1982 dejaron de funcionar, y la zona se reconvirtió en comercial.
Hoy, Aker Brygge tiene un pequeño puerto para veleros, un shopping, cines y espacios de oficinas y departamentos. La oferta para comer es muy variada y como en la cocina noruega se presume de tener varios cocineros entre los mejores del mundo, los platos en general son exquisitos. En sus locales, se puede degustar cocina tradicional, como pescado, alce, reno, u otras especialidades internacionales, con precios que rondan los 150 pesos argentinos promedio por plato. Otra opción son las pizzerías, donde por 90 pesos de los nuestros se puede pedir una de mozzarella para dos, o la opción más económica, los fast food, donde un menú cuesta alrededor de 60 pesos.
Desde el puerto se puede ver el Ayuntamiento (sede de la entrega del Premio Nobel de la Paz, ceremonia que se celebra el 10 de diciembre de cada año), con el tesoro menos conocido: su gran mural diseñado por Pablo Picasso y hecho por el noruego Carl Nesjar; el Centro Nobel de la Paz (museo que hace un recorrido por la vida de todos los ganadores de este galardón), y la Fortaleza de Akershus, construcción que tiene una antigüedad de 700 años, que alguna vez sirvió de defensa para la ciudad, y hoy es un importante legado histórico y cultural.
Skulptur es el nombre de una muestra de arte, en un camino paralelo a la costanera, que esconde y reparte cientos de esculturas por el mar, las calles, colgadas en el aire, y hasta por alguna mesa de los tantos bares que invitan a sentarse y disfrutar, aunque sea de una cerveza.
El parque de Vigeland
Detrás del Palacio Real, en dirección al parque Vigeland, están Majorstua y Frogner. Dos barrios señoriales, la zona más exclusiva de la ciudad. Después de un largo trayecto, pero disfrutando del paisaje que brindan las calles más sofisticadas de Oslo, se llega al parque Vigeland. Otras opciones son el autobús N° 20 o el tranvía N° 12.
El parque es una de las mayores atracciones de Noruega. Con un millón de visitantes al año, este sitio escultórico es el trabajo de toda la vida de Gustav Vigeland, el artista noruego más emblemático, y contiene 212 esculturas de bronce, granito y hierro forjado. La entrada es gratuita y está abierto al público las 24 horas, todos los días. Aquí no sólo se pueden admirar las obras, también es posible hacer un picnic.
A 5 minutos de la Estación Central está Grunerløkka, un antiguo barrio de trabajadores que se ha convertido, en los últimos años, en una de las zonas más interesantes de Oslo. Mientras se pasea por las calles uno puede descubrir tiendas de ropa, música, arte y comida. El ambiente es informal y los precios, más baratos. Los fines de semana se realizan ferias en la calle, allí se pueden encontrar productos de todo tipo a buen precio.
Un poco más alejado, pero no menos accesible para ir caminando, está el museo de Edvard Munch. Este año, en una muestra abierta hasta el 26 de septiembre, están en exposición dos obras muy famosas, actualmente restauradas: El Grito y La Madonna .
Con temperaturas promedio de 20° en verano y -4° en invierno, Oslo es un destino para visitar en cualquier momento. Ofrece actividades culturales para una amplia variedad de gustos, todos los meses , con sol o frío. Una ciudad totalmente cosmopolita, moderna, que conserva en sus calles la historia de sus 1008 años.