Autor de objetos curiosos como corbatas con pantallas de TV, el artista plástico parte del juego para diseñar objetos y muebles.
Supongamos que me proponen diseñar una mesa ratona. El primer paso es tomar la idea y jugar con ella. El juego tiene evidentes ventajas para comenzar a crear un diseño, no tiene límites, y es propicio para imaginar las ocurrencias más extravagantes... "¡Es totalmente libre! -se entusiasma el artista plástico y diseñador Diego Alexandre-. Sigamos suponiendo. Se me ocurre una mesa ratona donde se registre el paso del tiempo, uno de mis temas preferidos. Entonces, entramos en la segunda etapa: debo concretar la idea, determinar forma, materiales, color, etcétera."
Alexandre estudió pintura en los talleres de Ricardo Garabito, Héctor Giuffre y Pablo Bobbio. Sus diseños incluyen prendas inteligentes, muebles, esculturas, y hasta etiquetas para una marca de champagne.
"El resultado es una mesa negra o azul oscura, con bordes metálicos. En la tapa, enormes números digitales, luminosos y con mucho contraste, van registrando el paso del tiempo. Se me ocurre otra variante, la mesa es una caja de cristal muy grueso en cuyo interior descansa una placa de alabastro que es un cuadrante con grandes números de bronce opaco."
En 1999 recibió una beca del gobierno francés para dictar un taller sobre diseño a partir del juego, en el Ecole des Beaux Arts de Saint Etienne, sede de una de las bienales de diseño más importantes del mundo, donde Alexandre suele participar. Cuando se le pregunta cómo diseñaría una botella de champagne, la imagina como una esfera con un pico muy largo ("una redoma de gabinete de alquimista"), realizada con vidrio gris oscuro. "Porque para mí, el gris significa misterio y el champagne es una bebida que invita a soñar e internarse en zonas inexploradas de nuestro inconsciente."
Hojear sus cuadernos de dibujo permite cruzarse con sorpresas inesperadas, como carrocerías de automóviles, naves espaciales, botas para andinismo con un sistema de iluminación, corbatas con pantallas de TV y teclados digitales, hasta una casa para perro con forma tubular. "Nunca diseñaría una carrocería con formas redondeadas; un auto debe tener algo del camino que transita; debe tener una forma geométrica, preferentemente lineal, que pueda, de pronto, desarrollar una gran velocidad. Tampoco lo imagino de color. Lo haría de acero pulido sin esmaltes. Dejaría las formas redondeadas para una nave espacial, porque debe transitar por un espacio donde no hay gravedad", dice. Reflexionar sobre su tema favorito, el tiempo, lo lleva casi inevitablemente a preguntarse por qué no diseñar un reloj. "Pienso en el más clásico de los relojes de pie, el Grandfather inglés. En mi versión es un prisma de espejos que en la parte superior tiene un cuadrante digital. El rol de los espejos es importante, porque al devolvernos nuestra imagen nos recuerda que somos protagonistas de nuestras vidas. Es que el tiempo es inexorable, Julio Cortázar en Rayuela dice que es como un bicho que merodea yendo y viniendo a nuestro alrededor día y noche. .. ¡No lo perdamos!"