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Consumo joven y un potencial para aprovechar
Público multitudinario y entusiasta en cinco días de moda, y posibilidades para tener en cuenta.
Si algo quedó claro en la reciente edición de BAFWeek es que la moda en la Argentina es un fenómeno multitudinario más joven que maduro, y que estar con ella y en ella es una excelente inversión para captar las preferencias de ese segmento. Pruebas a dos puntas: el promedio de edad de los visitantes, 25 años o aun menos, y el interés por estar de firmas ajenas al métier (desde la automotriz hasta la más famosa de las burbujas), que encuentran en este formato un excelente canal para afirmar su imagen.
Una semana llena de atractivos, con desfiles y showrooms, compradores del interior y el extranjero, representantes de otras fashion week (el señor Pasarela Cibeles-LatinoAmérica, siempre en primera fila), diseñadores emergentes y un público divertido y producido dispuesto a sacarse fotos, dejarse peinar y aprender a maquillarse, amén de escuchar bandas en vivo y, por supuesto, asistir a los desfiles. En algunos de los cuales quedó en evidencia lo difícil que puede resultarle al nuevo diseño (o no tan nuevo, pero obviamente sin margen para la inversión) armar colecciones impecables, más allá de las buenas ideas, que las tienen. Esto es, acceder a materiales nobles y terminaciones impecables, como suelen verse en las pasarelas del mundo. Las de Milán, París o Nueva York, e incluso las de Brasil, por ejemplo, donde sería toda una curiosidad que asomaran costuras zigzagueantes, telas que por su rusticidad no caen como deberían o ropa directamente mal cortada.
Los problemas de siempre, a la vista también en vidrieras y en otras semanas de moda y presentaciones locales, que podrían esperarse de pasarelas incipientes (se sabe que hoy todos quieren tener su fashion week) o de firmas recién nacidas, pero que a esta altura en la Argentina tendrían que estar superadas.
BAFWeek es un buen argumento para que esto finalmente suceda. De hecho, contó con propuestas y puestas nacionales de nivel internacional, marcas nuevas con productos exportables, gente del exterior mirando con atención el diseño argentino y un público consumidor de estilos con identidad. Lo que falta es empresarios dispuestos a invertir en diseño; industria y taller (la crisis de oficios y la falta de tecnología es evidente) y, desde ya, autoexigencia.
Por Carmen Acevedo Díaz
cacevedo@lanacion.com.ar
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