Festival de Jesús María En la segunda noche, actuó Piñón Fijo. Y el payaso hizo delirar a grandes y pequeños
La segunda noche de Jesús María fue una auténtica payasada. Y si no, pregúnteles a las 20 mil personas que coparon de punta a punta el remozado anfiteatro José Hernández. Es que Piñón Fijo -el payaso más famoso del país- hizo delirar con su show a grandes y pequeños y demostró, una vez más, tener un carisma único y manejar el escenario como sólo los grandes artistas saben hacerlo.
En la espera de los niños por ver en acción a su payaso preferido hubo de todo: globos de colores, papelitos y muchísimos disfraces amarillos repartidos por los cuatro costados del estadio. Por primera vez en el Festival, los cochecitos reemplazaron a las reposeras y las mamaderas, ocuparon el lugar de las bebidas en las heladeritas de telgopor.
A las 22.13 Piñón piso el escenario Martín Fierro y fue recibido con una verdadera ovación. Acompañado por el grupo folclórico Los Sachas, el show comenzó con una de sus clásicas canciones: Piñón Fijo es mi nombre .
Entre tema y tema, el payaso cordobés jugó con chicos y adultos. La gente siempre le contestó con una sonrisa. El repertorio musical continuó con Corazón , para luego darle paso a uno de sus grandes hits llamado Por una ventanita .
Ni siquiera los guapos jinetes de la doma quisieron perderse el gran espectáculo que él brindó: en el césped, frente al escenario y con sus facones atravesados en los cinturones, los paisanos también tarareaban -muy entusiasmados- las letras infantiles.
Con su saxo cloacal pegado al labio (un instrumento de caños plásticos), Piñón cantó Basta de mamadera y Una luna en la laguna acompañado del balet Pampa y Cielo de la localidad cordobesa de Dean Funes, lugar de donde él es oriundo. En las tribunas, se vivía una algarabía total.
Pero como no podía ser de otra manera, en el escenario por excelencia del folclore nacional, el payaso entonó también una chacarera ( La familiera ), una cueca mendocina ( La cuyosa ); y hasta improvisó una versión a puro malambo con su tradicional Chu chu ua .
Después de una hora de show y con el saludo consumado, Piñón Fijo debió volver a las tablas por expreso pedido de la multitud. Un niño de unos 3 añitos se puso a zapatear a su lado y entonces, el cierre del espectáculo fue soñado.
A diferencias de otras noches en donde el público va tomando temperatura con el correr de las horas, el domingo ocurrió todo lo contrario: después de Piñón, el resto de los artistas pasaron rápidamente a un segundo plano. Luego hubo tiempo para las tradicionales jineteadas y para escuchar folclore de la mano de Las Voces de Orán, Los del Suquía y del ex Tucu–Tucu, Carlos Sánchez.