Durante tres meses, el principal centro turístico concentra populares propuestas que movilizan a unos 600.000 espectadores
MAR DEL PLATA.- Cuarenta y nueve años después de que los padres de Carlos Rottemberg lo llevasen al psicólogo, preocupados porque su niñito de cuatro años, cuando iba al cine, se entusiasmaba más en contar la cantidad de espectadores presentes en la sala que en atender la película, el empresario teatral sigue haciendo básicamente lo mismo.
Pero lo que parecía sólo una inquietante manía compulsiva se convirtió con el tiempo en una parte clave de su trabajo, que se potencia en el verano y en esta ciudad, donde en esta temporada ya tiene bajo su control siete salas en funcionamiento que recorre infatigablemente cada noche de a pie, libretita en mano, donde vuelca los números de las entradas vendidas en cada una y las compara con las de años anteriores.
Mientras Rottemberg, empresario "de paredes" vela porque en sus salas todo ande a la perfección y las funciones comiencen en horario, Javier Faroni, productor de algunas de las obras más exitosas de la cartelera, tiene en su celular una suerte de "minuto a minuto" que le muestra cómo van las ventas de tickets en los teatros en que se presentan sus espectáculos.
En tanto su padre, Santiago Bal, protagoniza sobre el escenario del Atlas junto con su mujer, Carmen Barbieri, el monólogo de apertura de Bravísima , Mariano Bal tipea asombrado en su teléfono móvil que la cifra de espectadores presente coincide exactamente con las de un año atrás: 1082. En otro lugar, Pablo Pérez Iglesias se congratula que en el Provincial, Cuando Harry conoció a Sally , con Raúl Taibo y Araceli González, siga acrecentando su concurrencia y que, en su teatro Güemes, Pour la gallery , con Aníbal Pachano, haya ampliado su público habitual a partir de sus muy mediáticas participaciones como jurado de "Bailando por un sueño".
Roby Carreras, digno continuador de la estirpe iniciada por su padre, Nicolás, y su tío, Enrique, también va de aquí para allá, pendiente del comportamiento de la sensible cartelera marplatense, un fenómeno único en el mundo que en el acotado lapso de los tres meses estivales suele convocar en estos tiempos a unos 600 mil espectadores, cifra mucho más que auspiciosa que los ínfimos 200 mil a los que se redujeron en plena crisis de 2000-2001, aunque todavía lejos del récord de las 760 mil entradas vendidas, en 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
Cerca de veinte salas comerciales (sin contar las más chicas abastecidas por elencos locales y las del circuito off) se disputan el favor de un público aluvional que cada noche se vuelca masivamente sobre la tradicional peatonal San Martín y la peatonal nocturna Rivadavia, donde turistas de todo el país se entremezclan con los vendedores y artistas callejeros, hacen largas colas frente a populares comederos y esperan estoicamente la salida de los artistas de los teatros para fotografiarse con ellos o pedirles autógrafos.
Después de un arranque tardío y tibio -Navidad y Año Nuevo no habilitaron esta vez feriados largos que acercasen a turistas fugaces en cantidad y todavía hay obras que no se estrenaron- la temporada ya está recuperando los mismos bríos con los que el verano pasado superó al de 2009 con un 6 por ciento más de concurrencia.
Hay dos cambios sustanciales respecto de enero de 2010: ya no están aquí ni Nito Artaza ni Miguel Angel Cherutti -que luego de años de hacer cada cual espectáculos por su lado, volvieron a reunirse sobre un mismo escenario, pero en Carlos Paz-; tampoco está presente el "tanque" de la temporada anterior (Antonio Gasalla, que este verano presenta una vez más su exitosa Más respeto que soy tu madre , pero en Buenos Aires), con lo cual hay quienes sueñan con que los favores del público se repartan más democráticamente entre una infinidad de espectáculos, algo que sigue siendo bastante improbable porque el "efecto aspiradora" que generan las propuestas más convocantes casi siempre opacan las chances de los demás, donde nunca faltan los chapuceros e improvisados que con un par de mediáticos pretenden llenarse las alforjas, aunque el público no es tonto y termina por darles la espalda.
Un clásico de cada temporada es la lucha por demostrar quién va primero. No se trata sólo de un ejercicio narcisístico, sino la posibilidad de tener más prensa y de retroalimentar la curiosidad del público.
En el podio siempre cambiante de triunfadores, por ahora figuran el espectáculo de los Midachi, la revista de Carmen Barbieri y Los reyes de la risa , con Alfredo Alcón y Guillermo Francella. Pero también hay líos en puerta: la Asociación Argentina de Actores acaba de recordar la obligatoriedad del descanso semanal de los días lunes. El destinatario parece obvio: el trío santafecino trabaja de lunes a lunes. Midachi Circus se presenta en el remozado Centro de Arte MDQ Melany, que programa Lino Patalano, y donde también pisa fuerte Enrique Pinti, con Antes de que me olvide .
Para estimular la concurrencia, los empresarios han sido prudentes en el aumento de las entradas: en las tres últimas temporadas sólo las han incrementado en un 30 por ciento y así fluctúan entre los 80 y los 150 pesos. Calculan que hacen falta por lo menos unos tres éxitos para absorber el golpe de un fracaso. Es una actividad con un importante lucro cesante: de los doce meses que tiene el año, sólo funciona tres.
Todo vale con tal de salvar las papas: quienes producen El último argentino virgen , en el teatro Santa Fe, son dueños de un laboratorio y reconocen el 100 por ciento del valor de cada entrada en productos gratis de su compañía.
Es que Mar del Plata da para todo.
Todos pelean por ser primeros, pero los elegidos logran el "efecto aspiradora"