La Rural: un toro llega a costar hasta 10 veces más si se consagra campeón
Demanda un trabajo de dos o tres años, y un cuidado especial desde los primeros días.
Hablar de un Gran Campeón de Palermo en los pasillos cubiertos de paja de la Rural es algo serio. Gauchos, inversores, dirigentes, el mundo del campo lo refieren con solemnidad y respeto. Al menos por un año, la cucarda celeste y blanca que se le cuelga al animal es como una corona que le agrega valor simbólico y económico: un Gran Campeón multiplica prestigio. Y billetes, por supuesto .
Por eso todas las cabañas aspiran a criar un animal de estas características. No es para cualquiera.
Se necesita tradición, sostén financiero, trabajo y un ojo talentoso para detectar las condiciones a los pocos días de vida . El Gran Campeón ha sido antes ganador en su categoría y alcanza el título máximo al competir con el resto de los campeones de su raza. Para muchos de los que llegan a la Rural, conseguir ese galardón es una alegría que tal vez no se experimente jamás. Para otros, como Horacio La Valle, se ha hecho costumbre, casi tradición. Ocho de sus toros y vacas Hereford, una de las razas más prestigiosas, han salido de Palermo con la escarapela más importante colgando.
La Valle conoce el camino. “Hay que empezar por saber elegir el padre y la madre, cuanto mejor se los conozca a ellos, más se sabrá de cómo va a ser el hijo”, explica entre algunos de sus toros. La información genética es muy importante porque les permitirá saber a los dueños el peso al nacer, tipo de carne, el peso final, qué leche materna consumirá y cómo crecerá. Y la alimentación es la otra pata fundamental.
La Valle explica que hay que trabajar dos o tres años para lograr un Gran Campeón, e invertir “miles de pesos” . Pero ya a los tres meses estos hombres son capaces de detectar qué animal tiene pasta. “Se los separa y se les elabora un plan nutricional, y se los empieza a preparar para la competencia”, detalla La Valle. En ese proceso se los amansa, se trata de generar una buena relación con el cabañero que lo cuide. Incluso se les cuida el pelo y se los baña seguido.
“A los dos años están en su mejor edad, su apogeo productivo, y ahí es cuando juegan chances de ganar”, explica Hugo Zizo, productor cordobés de Brangus, con 12 grandes campeones de 1985 a esta parte, aunque aclara que un ternero puede llegar a la gran corona. Uno de esos es el de Pole Star, el toro Shorthorn de Guillermo Alston, que ganó en 2009 con apenas un año de edad y repitió en esta edición, algo muy poco usual. Lo que termina por definir a un Gran Campeón, lo que en definitiva ve el jurado, es mucho. “La masa muscular, el arco de costilla, que se desplace adecuadamente y, en los toros, la buena circunferencia escrotal, que es garantía de fertilidad”, enumera Alston.
Un Gran Campeón aumenta su valor entre 5 y 10 veces. Después de la cucarda, puede costar hasta 150 mil pesos . Y eso, porque el linaje, su descendencia, queda prácticamente garantizada. “O se vende el animal o se vende su semen”, sintetiza Zizo y da números concretos: “Un toro puede ‘servir’ naturalmente a 30 vacas por año. Pero a través de la inseminación artificial puede hacerlo eternamente, y salen unos 6 mil terneros, seguro”. Alston, por caso, el año pasado vendió semen de Pole Star por 35 mil pesos.
El espíritu competitivo pesa mucho en esta feria, pero sin dudas la cucarda de Gran Campeón también es abono a los bolsillos. “Es un orgullo tener grandes campeones, pero también saber que se ha hecho un buen trabajo”, analiza La Valle. Zizo es más concreto: “El campo es un negocio, por eso el Gran Campeón es tan importante”.