El documental de Frederick Wiseman muestra cómo se vive y se trabaja en el prestigioso cuerpo de baile
"Para mí, el resultado final debe ser un regalo para el público que pueda ser percibido sin explicaciones", dice la mujer pelirroja al teléfono. Ella es Brigitte Lefevre, la directora de una de las compañías de danza más importantes del mundo, y, según también se puede ver en el elogiado documental de Frederick Wiseman, que mañana se estrenará en la sala Lugones del San Martín, también es una referente para sus bailarines (para las estrellas y los recién llegados), una mujer activa, que tiene claros los estandartes artísticos del conjunto que conduce, pero también los administrativos y hasta comerciales con los que debe lidiar para mantener en funcionamiento una institución de las características del Ballet de la Opera de París.
La Danse , que presentan la Fundación Cinemateca Argentina y la Asociación Doc Buenos Aires tras una única proyección el año último, retrata la cotidianidad de este prestigioso elenco residente en el Palacio Garnier. Esto es: de las clases y ensayos en los salones hasta las puestas en escena realizadas de la mano de los coreógrafos más relevantes de la escena contemporánea, pasando por aquello que se sirve en las bandejas del almuerzo de los artistas, la vida íntima de un edificio de subsuelos trajinados y la silenciosa tarea de teñir un traje o bañarlo en mostacillas en el taller.
Es, justamente, esa posibilidad de asomarse al detrás de escena más remoto -aquel que está todavía más allá del telón y los asuntos de coulisses - lo que hace a este trabajo, de dos horas y media largas, digno de contemplación. ¿Cuántos han podido ver en directo a Mats Ek marcar los pasos de su Casa de Bernarda Alba ? ¿Y a Angelin Preljocaj poner sobre tablas la sangre de su maravillosa Medea ? ¿Quiénes han disfrutado, aunque apenas unos segundos, de la versión que Sasha Waltz concibió de Romeo y Julieta ? ¿Y conocido la ironía con la que el legendario Pierre Lacotte puede deshacer una discusión en pleno ensayo de Paquita ? Excepcional, entonces, es la mejor definición para este compendio de revelaciones que el realizador estadounidense hace en ésta, una de las mejores películas de danza jamás filmadas, según The New York Times .
Confusiones
Claro que, para disfrutar completamente de cada una de esas miradas por la cerradura que La danse permite echar, hace falta ser un amante del arte, estar buscando un acercamiento al mundo del ballet por sobre los sabidos repertorios o bien ser parte de esa población de curiosos empedernidos. Tan pronto como el interés que se retroalimenta o el afán de querer saberlo todo lleguen, lo hará una objeción no menor -un sentido lamento- que se le puede hacer a la edición de este valioso material: ya en el original, los subtítulos y zócalos no ofrecen información en simultáneo con la imagen sobre las personalidades a quienes se está viendo trabajar, así como los títulos de las obras cuyo montaje o fragmento de función se reproducen.
De manera que, probablemente, alguien puede confundir al carismático y musical Wayne McGregor con un repositor de Pina Bausch o con un asistente de la casa o con algún bailarín de fila. Recién al final, cuando pasen los títulos, aparecerán esos datos y para el espectador será tarde y muy difícil entonces asociar aquel momento emotivo o la declaración que en el minuto quince le pareció formidable o con los créditos del remate.
Una vista de París, desde la azotea, siempre puede ser magnífica. Y otra más. Qué placer. Altos planos largos rematan cada apartado. Otra vez la mujer de pelo corto y gran carácter que -sépanlo- es Brigitte Lefevre le avisa a alguien al teléfono que Béjart ha muerto y ese día lo han cremado en la mañana. Pero ella no pudo estar porque en la Opera había una huelga y quería estar ahí para entender qué pasaba. ¿No es eso, acaso, una revelación?
Por Constanza Bertolini
De la Redacción de LA NACION