A esta altura, lo que menos importa es el contenido de la maquinaria interminable de conversaciones, reproches, quejas, tejemanejes y habladurías que se puso en marcha ni bien Ricardo Fort anunció su alejamiento de ShowMatch.
El supuesto escándalo funciona como la línea de montaje de una fábrica virtual que opera en turnos sucesivos durante todo el día. De esa usina de producción nacen palabras y palabras tan descartables que la declaración supuestamente más explosiva puede desaparecer en un minuto y dejar lugar a la aparición de algún personaje con munición todavía más gruesa para presentar o declarar.
Detrás de las palabras aparece algo más llamativo y curioso, que de llegarse a consolidar como tendencia puede dejar importantes señales para el futuro. Por acción u omisión, ya que hace o deja hacer según sus necesidades tanto en su programa como en la multitud de satélites y programas parásitos que orbitan a su alrededor, Marcelo Tinelli termina absorbiendo en su programa televisivo buena parte de los géneros televisivos, tradicionales o de reciente consolidación.
En este sentido, ShowMatch aparece en primer lugar como ocupante a tiempo completo de un espacio que dejó vacante en su momento Gran Hermano. Seguimos en pantalla el caso Fort desde hace varios meses y no hay día en que el mediático personaje no tenga su dosis prolongada de exposición televisiva. No hay diferencias de fondo entre esos anónimos participantes de reality shows que exponen voluntariamente su vida entera en la pantalla y el histriónico Fort, a quien hasta se le adjudicó una "novia" tras un penoso proceso de selección seguido al detalle en vivo y en directo.
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De paso, este reality show de facto alrededor de Fort dejó en claro que poco y nada resulta espontáneo en este género presentado desde el vamos como la espontaneidad televisiva en estado puro. Siempre es posible sacar provecho de las supuestas reacciones "naturales" de los protagonistas a partir de hábiles juegos de montaje o de manejo de los silencios. Cuando "hablan todos" (según la expresión del programa Infama ) sobre este caso, lo que aparece por debajo es una muy calculada estrategia que suele utilizar las cifras de rating como garantía de continuidad.
En segundo lugar, este dibujo deliberado sustituye con inmejorables resultados a las mejores ficciones. Sobran aquí muestras de drama y de comedia. Hay despechos, traiciones, resentimientos, suspicacias y alianzas momentáneas, pero también abundan los momentos desopilantes, propios del humor más absurdo.
Y a propósito de humor, el periodista Gustavo Noriega acaba de señalar agudamente que a falta de programas específicos en la materia dentro de la TV abierta (con la única y clara excepción de Peter Capusotto y sus videos ), ShowMatch se erige como único representante del género con funcionamiento pleno y activo, aún fuera de su pantalla, con la inmejorable ayuda de la inabarcable catarata de ciclos autorreferenciales. Es que además de apropiarse de distintos géneros tradicionales y reciclarlos según sus necesidades, ShowMatch hizo un aporte invalorable para que los programas que hablan de la TV ocupen desde hace mucho tiempo un lugar completamente desmesurado.