La arquitecturarinde homenaje al autor irlandés con un austero edificio reciclado en el Abasto, que lo recuerda con sus obras.
Despojado y atemporal, como las obras de Samuel Beckett, el teatro que lleva su nombre en Buenos Aires, orientado básicamente a la presentación de obras del autor irlandés o shakesperianas, sumó su cartelera a la oferta del Abasto, en Guardia Vieja 3556, a dos cuadras del ex Mercado. Obra del estudio de arquitectura Enrique Cordeyro y Asociados, el Beckett fue concebido como centro cultural con sala de espectáculos, con un tope de cien butacas.
Austero, el teatro es parte de una casa de barrio sin patio que ya había sido repetidamente intervenida, que fue taller mecánico, con vivienda en el piso alto y un sótano que toma la parte delantera de la planta y que se transformó en el lugar por donde los actores ingresan al backstage mediante un túnel, y que se convierte en sala de ensayo fuera de la temporada teatral. Una carpintería metálica vidriada insertada en la antigua mampostería de la casa da franco acceso al lobby, que comparte espacio con el reducido bar con la mámpara-cartel que lleva el nombre del teatro como fondo.
"Lo más underground que tiene el Beckett es la escena -explica Enrique Cordeyro-. Las obras no llevan escenografía, todo el entorno es negro, incluso el piso. Actúan tres o cuatro personas con una tarima o silla: el teatro también es austero desde el equipamiento." Todas las obras que se representan son de escenografía ausente; el espectáculo se arma a partir de intangibles como la luz y el sonido. Cuenta con un escenario de 8 por 11 metros; el espacio para el público es una escalinata con las cien butacas movibles, con sector para discapacitados, pasillo lateral, y por detrás un puente de hormigón que contiene oficinas del iluminador y sonidista, del director y palco privado, y debajo, los sanitarios y la boletería. La trastienda está directamente detrás de la cortina negra que hace de fondo del escenario y contiene un patio, camarines y depósitos.
"Todo está trabajado de manera ausente, menos el tabique de fondo del lobby -indica Cordeyro-. Llama la atención porque es la única luz que se ve desde la calle. Junto al acceso, una laja de vidrio de 50 cm de lado conecta visualmente con el subsuelo.
El acondicionamiento propio de un espacio escénico fue tema básico en la obra. La iluminación se resolvió como una costilla que se abre en peine sobre la escena; la acústica se hizo a prueba y error, midiendo con sensores la reverberancia desde cada butaca.
El Beckett fue hecho a medida y artesanalmente, para que se destaque la obra de teatro por sobre la arquitectura.