La película, debut en el largometraje del colombiano Jorge Navas, es un thriller urbano con toques de poesía
Quienes piensan que el cine de América latina está perdido se equivocan. La impresión de que en los últimos tiempos la Argentina es el único productor de cine de calidad tiene que ver con la falsa idea de la exhibición, al resistirse a ese otro cine continental que se sigue haciendo y viendo incluso en festivales de todo el mundo. Un buen ejemplo de esta reciente producción es La sangre y la lluvia , primer largometraje del cineasta colombiano Jorge Navas, apoyada por la Fundación Hubert Bals, el Sundance Institute y el Programa Ibermedia, que pasó con muy buena repercusión por los festivales de Venecia, Mannheim y Biarritz, entre otros.
Esta coproducción entre el mismo cineasta y la Argentina, a través de LagartoCine, que se estrenará pasado mañana, es un thriller que comienza con el encuentro entre un taxista y una prostituta de Bogotá. Jorge y Angela, dos seres nocturnos bastante singulares que se cruzan en medio de una lluviosa noche entre las oscuras y violentas calles de la capital colombiana. El taxista tiene todavía lágrimas en sus ojos por la muerte violenta de su hermano a manos de un grupo de delincuentes, de los que se quiere vengar. Ella es muy bonita, pero adicta a la cocaína, y suele frecuentar cada sórdido lugar de la ciudad. La historia transcurre en seis horas de amor, de lluvia pertinaz y asfalto multicolor, además de lágrimas.
Ciudad violenta
"Vivo en Bogotá, una urbe moderna y a la vez corazón de uno de los países más violentos y más pasionales del planeta", explica el director. "Recorro sus calles de día y de noche, sintiendo su pasión y su dolor, acompañado de una esperanza que siempre está aplazándose en medio de la guerra, el caos reinante y la descomposición social que todo el tiempo me respira al cuello", asegura Navas. "Siento la sombra de la muerte recorrer junto a mí estas calles, pero también siento la vida que en cada esquina busca emerger y crear, escondiéndose detrás de cada rostro buscando su oportunidad? Hay diamantes sucios, intentando brillar entre el fango, entre el carcomido asfalto. De todo esto necesito hablar, de todo esto necesito dejar testimonio", asegura.
Según el debutante, su película es también una manera de reflexionar sobre una verdad social que acorrala a los bogotanos y no aparece en los folletos turísticos. "Me interesa la noche de la ciudad, la indiferencia de sus habitantes temerosos y resguardados y la soledad y la impotencia de los seres que se atreven a desafiar las calles como necesidad de confrontación, búsqueda y libertad", reflexiona.
Navas muestra a Bogotá en forma tan descarnada como Martin Scorsese lo hizo con Nueva York en Taxi Driver.
Para él, "todas las noches hay muertes violentas; todas las noches cadáveres abandonados, en medio de esta soledad e indiferencia, que son recogidos por las autoridades, dejando sólo, como huella de su despedida, la sangre sobre el asfalto que brotó de sus cuerpos heridos. Todas las noches llueve y esta lluvia diluye y borra la sangre de las calles, llevándose entre caudales de este líquido mezclado y sucio, las huellas y la memoria a las alcantarillas y desagües, desapareciendo en los subsuelos de la ciudad, como en los subsuelos de la memoria", asegura sin esquivar la poesía amarga en su relato.
La sangre y la lluvia tiene como figuras centrales a Quique Mendoza y Gloria Montoya, secundados por Juan Miguel Silva, Hernán Méndez, Weimar Delgado y Julio César Valencia.