Comer afuera es casi siempre una experiencia gratificante, cualquiera que sea el tipo de comida.
Servicio, variedad para elegir, calidad (en el mejor de los casos) y sin necesidad de ensuciar media cocina para preparar un puchero. Un buen descanso para cucharones y cacerolas...
En cambio, cocinar uno mismo y encima pagar la cuenta podría considerarse sinsentido, hasta incluso ridículo. Pero lo cierto es que existen también restaurantes en distintas partes del mundo que invitan a los comensales a que sean sus propios chef, cómodamente sentados a la mesa.
En un viaje por Cancún fui a cenar a Sea & Stones, restaurante del Westin Resort & Spa, casi en el final de la zona hotelera (Blvd Kukulcan km 20). El restaurante, que sólo funciona de noche, está en una palapa (como llaman en México a las construcciones con techo de hojas de palma) a orillas del mar y con una increíble vista a la ciudad.
Era una noche estrellada, de calor, ideal para comer casi con los pies en la arena, sentir de cerca el murmullo de las olas y, sobre todo, relajarse lejos de todo. Pero al llegar, el mozo me recibió con una sorpresa: tenía que cocinar mi propia comida.
¿Cocinar? ¿En el restaurante de un hotel cinco estrellas? ¿Vestida con una falda elegante y sandalias con taco? Sí, había que poner manos en la masa (bueno, más o menos, en realidad) si quería comer, y fue una de las experiencias más divertidas del viaje.
La propuesta es grillar carne, pollo, pescados o mariscos (o todo junto, como el comensal prefiera) sobre una piedra volcánica traída especialmente del centro del país.
Después de ordenar llega a la mesa, casi en segundos, una bandeja individual con una gran piedra cuadrada extremadamente caliente, con pedido expreso de no tocar. Las piedras se calientan durante 22 horas en un horno especial para que logren llegar a 360°C. Junto a la piedra vienen pedazos de carne, pollo o pescado crudos, una pinza y condimentos para que cada uno ponga sobre la piedra y cocine según el punto preferido.
La guarnición y las salsitas para acompañar, gentileza del chef, vienen listas para comer. La cocción tarda menos de lo esperado y en apenas unos minutos se puede probar el resultado. Como un buen asador se come directamente arriba de la piedra. Si todavía le falta se puede dejar un poco más. Aunque una propuesta simple, fue original y muy divertido jugar a ser chef por una noche. De más está decir que al terminar me levanté y me fui a disfrutar la noche. Los platos, por supuesto, los lavó otro.
En Estados Unidos hay varios Hot Pot City, que se especializan en comida asiática, más específicamente taiwanesa. En el centro de cada mesa hay un fuego con una cacerolita arriba y una bandeja circular para grillar comida, una tradición de la isla. Cada grupo se encarga de cocinar su propio menú. Los más conocidos están en California: uno en San Francisco y el otro, en Milpitas.
Sin ir más lejos, en el Barrio Chino de Belgrano y en el Bajo Flores hay también varios Korean BBQ (especie de parrillas coreanas) para grillar sobre una planchita carnes y vegetales a gusto del consumidor.
Vale la pena probarlos aunque, para ser sinceros, la buena mano del chef sigue siendo irreemplazable.
Publicado por Andrea Ventura / 25 de julio de 2010 / 5.18 AM